INFLUENCIA
“Dichoso es quien no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los burladores,” Salmo 1:1 NVI
La Biblia nos habla desde hace miles de años de algo que está muy de moda hoy: la influencia; la forma en la que somos influenciados por la sociedad, y esto es de gran importancia, porque, ya que repercute en nuestras acciones y comportamiento, también impactará o afectará nuestra vida y la de los que nos rodean.
En el salmo 1 encontramos tres acciones, las cuales son tres formas en las que podemos ser influenciados, mirémoslas detalladamente:
- Sigue el consejo: Un consejo se transmite normalmente de forma verbal, o sea, que quien lo recibe, el medio que usa para alimentarse de él son los oídos.
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Se detiene en la senda: La persona que se detiene en un lugar es para observar, es para mirar aquello que lo hizo frenar su paso; así que con esto conocemos la segunda forma en la que podemos ser influenciados, y es viendo, usando nuestros ojos.
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Se sientan en la reunión: Sentarse en una reunión es diferente a detenerse en un lugar, el que se detiene iba de paso y lo hace para observar mejor, pero el que decide sentarse es porque luego de detenerse decidió quedarse, y al quedarse, no solamente va a oír y a ver, sino que va a relacionarse; las relaciones nos llevan a aprender y a imitar todo lo que asimilamos de ellas.
Dicho esto, resumimos entonces que hay por lo menos tres formas en las que podemos ser influenciados y estas son: oyendo, viendo y relacionándonos.
También se pueden asumir como pasos de aprendizaje, por ejemplo, un bebé desde el vientre comienza primero a escuchar, luego cuando nace comienza a ver y posteriormente a relacionarse con su madre y con todos los demás.
Estas formas en las que podemos ser influenciados, no son malas en sí, son incluso importantes, pero como todo lo creado, el enemigo puede usarlas para nuestra propia destrucción, por esta razón, Dios nos advierte que no sigamos los consejos de los malvados, que no nos detengamos a ver la senda de los pecadores y mucho menos nos relacionemos con los burladores.
Algunos después de leer esto dirán: “pero todos somos pecadores”, sí, pero los pecadores de los que habla este versículo no son todos los que yerran al blanco (se equivocan, cometen faltas, pecan porque son humanos) sino los que practican el pecado, los que son insensibles a la voz del Espíritu Santo y los que no les duele ofender a Dios. No es lo mismo pecar que practicar el pecado, pero este es otro tema.
Entendido esto, Dios no sólo nos deja con la explicación de lo que NO debemos hacer, sino que reemplaza inmediatamente esta advertencia con una instrucción de lo que SÍ debemos hacer, y es esta:
“Sino que en la Ley del Señor se deleita y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. Todo cuanto hace prospera.” Salmo 1:2-3 NVI
De tres formas en las que podemos ser influenciados, tanto positiva como negativamente, pasamos a dos acciones que debemos realizar, y son estas:
- Deleitarnos: Esto no es más, sino que disfrutar, pues el deseo de Dios es que disfrutemos de todo lo que él ha creado; estas cosas se disfrutan viendo, oyendo y relacionándonos con ellas en la forma en la que la ley del señor, o sea, su palabra, nos invita a disfrutarlas de manera sana y correcta.
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Meditar: Esto es pensar con detenimiento, es pensar una y otra vez en la misma cosa, es analizar algo, es rumiar la información que recibimos; meditar en la palabra de Dios es permitir que el Espíritu Santo que vive dentro nuestro, nos enseñe, comunicándose con nosotros a través de nuestra mente, es decir, de nuestros pensamientos, su palabra, en la cual hallaremos vida y salvación.
A diferencia del versículo 1 en donde el Señor nos advierte el no dejarnos influenciar de forma negativa, estos versículos 2 y 3 no sólo mencionan la instrucción que Dios nos da, sino la recompensa que obtenemos por seguirla, y aquí nos damos cuenta que dejarnos influenciar de manera negativa e imitar lo que es incorrecto delante de Dios, no da fruto, pero seguir la instrucción de Dios además de ayudarnos a dar fruto, nos hace prosperar.
Aplicación
Revisemos hoy qué estamos oyendo, qué estamos mirando y con quién nos estamos relacionando, porque esas influencias están marcando nuestro camino. Decidamos apartarnos de aquello que nos aleja de Dios y elegir la Palabra como nuestra principal influencia. Cuando nos deleitamos y meditamos en ella, nuestra vida produce fruto y permanece firme, tal como Dios lo prometió.