LA ASTUCIA AL SERVICIO DEL REINO
«Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. Cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche.» Génesis 30:15b-16 RVR1960
El capítulo 30 de Génesis continúa narrando la rivalidad entre Lea y Raquel. Ambas deseaban aquello que la otra tenía: Lea anhelaba el amor de Jacob, mientras que Raquel deseaba tener hijos.
En medio de esa tensión aparece un episodio aparentemente sencillo: Rubén encuentra unas mandrágoras y Raquel le pide a Lea que le entregue algunas. Cuando Lea se niega y la acusa de haberle quitado a su marido, Raquel sorprendentemente no responde a la acusación, en lugar de entrar en la discusión, propone un intercambio: Jacob dormiría esa noche con Lea a cambio de las mandrágoras.
Aunque las motivaciones de Raquel no eran correctas, este episodio deja ver un rasgo evidente de su personalidad que volverá a aparecer más adelante en la historia.
Una mujer enfocada en su objetivo
Después de la fuerte acusación de Lea, lo más natural habría sido que Raquel intentara defenderse, sin embargo, el relato muestra otra cosa. Raquel no discute, no intenta demostrar que Lea está equivocada, no responde a la acusación, su atención permanece en aquello que desea obtener.
Raquel está dispuesta a ceder algo que considera importante para conseguir lo que busca; este comportamiento vuelve a manifestarse más adelante cuando toma los ídolos de su padre Labán.
«Pero Raquel había tomado los ídolos del hogar y los había puesto en la albarda de un camello, y se había sentado sobre ellos.» Génesis 31:34 NVI
Cuando Labán registra el campamento para encontrarlos, Raquel no entra en pánico. Con rapidez idea una estrategia, oculta los ídolos y evita que sean descubiertos.
La Biblia no aprueba ninguna de estas acciones. Robar y mentir nunca son justificados por Dios. Sin embargo, el relato sí permite observar una característica constante en Raquel: era una mujer determinada, estratégica y persistente para alcanzar aquello que deseaba.
La astucia no es el problema
Muchas personas relacionan la astucia únicamente con el engaño porque la primera vez que esta palabra aparece en la Biblia está asociada a la serpiente.
«Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho.» Génesis 3:1 RVR1960
Sin embargo, el problema nunca fue la astucia en sí misma. La astucia es una capacidad, como ocurre con la inteligencia, el liderazgo, la creatividad o la comunicación, todo depende del propósito para el cual se utilice.
Satanás usó esa capacidad para engañar a Eva, pero siglos después Jesús tomó precisamente ese ejemplo para enseñar a sus discípulos:
«He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.» Mateo 10:16 RVR1960
Jesús no estaba invitando a sus seguidores a mentir o manipular como la serpiente. Estaba enseñando que los hijos de Dios no deben ser ingenuos. Deben actuar con sabiduría, discernimiento, estrategia y prudencia, pero siempre acompañadas de sencillez, integridad y pureza.
Más adelante, el mismo Señor hace una observación que resulta confrontadora.
«Porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.» Lucas 16:8 RVR1960
Con frecuencia, quienes viven para alcanzar objetivos temporales invierten enormes cantidades de tiempo, creatividad, esfuerzo y disciplina para conseguir lo que desean. Mientras tanto, muchos creyentes esperan que el Reino de Dios avance sin preparación, sin estrategia y sin perseverancia.
Dios no nos llamó a ser menos diligentes que el mundo. Nos llamó a utilizar todas las capacidades que Él mismo nos dio para cumplir sus propósitos.
Enseñanza doctrinal
Dios puede usar capacidades como la inteligencia, la estrategia, la perseverancia y la astucia para cumplir sus propósitos. Estas cualidades no son malas en sí mismas; lo que determina su valor es el corazón que las dirige y el propósito para el cual se emplean. Los hijos de Dios están llamados a ejercerlas con integridad, sabiduría y dependencia del Señor.
Aplicación
Examina qué estás haciendo con las capacidades que Dios te ha dado. Pregúntate si estás usando tu creatividad, estrategia, disciplina y perseverancia únicamente para alcanzar metas personales o también para servir a Dios, anunciar el evangelio y ayudar a otros a acercarse a Cristo. Que la misma determinación con la que el mundo persigue objetivos pasajeros sea puesta por los hijos de Dios al servicio de un propósito eterno.