CUANDO EL CORAZÓN SE NIEGA A VER
«Fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a Lea su madre; y dijo Raquel a Lea: Te ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo. Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. Cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche.» Génesis 30:14-16 RVR1960
La rivalidad entre Lea y Raquel había comenzado mucho antes. Raquel envidiaba a su hermana porque no podía tener hijos, mientras que Lea ya había dado cuatro hijos a Jacob.
«Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero.» Génesis 30:1 RVR1960
Pero también la Escritura nos revela que Jacob amaba más a Raquel que a Lea.
«Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años.» Génesis 29:30 RVR1960
Incluso desde el nacimiento de sus primeros hijos, Lea albergaba la esperanza de que Jacob finalmente la amara.
«Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén; porque dijo: Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido.» Génesis 29:32 RVR1960
Sin embargo, los hijos llegaron, pero el amor que ella anhelaba nunca cambió.
Cuando el corazón busca culpables
En Génesis 30:15, cuando Raquel le pide algunas mandrágoras, Lea responde:
«¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo?» Génesis 30:15 RVR1960
Es evidente que Raquel no tenía un corazón humilde. La rivalidad, la envidia y las decisiones equivocadas que tomó más adelante revelan faltas en su carácter. Sin embargo, el problema de Lea era otro.
Lea responsabiliza a Raquel de haberle quitado su marido, pero la realidad era distinta.
- Raquel no fue quien ofreció siete años de trabajo para casarse con Jacob.
- Raquel no fue quien decidió trabajar siete años más después del engaño de Labán.
- Raquel no fue quien amó menos a Lea.
Era Jacob quien mostraba una preferencia evidente por Raquel.
Pero cuando existe apego emocional, el corazón suele negarse a aceptar la realidad y prefiere buscar culpables fuera antes que enfrentar aquello que tiene delante.
Lea seguía ilusionada con un hombre cuyo amor estaba inclinado hacia otra persona, y en vez de reconocer esa dolorosa realidad, atribuyó su sufrimiento a su hermana.
Esto ocurre también hoy. Muchas veces tenemos delante las evidencias del rechazo, de la indiferencia, de la falta de valoración o de reciprocidad, pero el corazón se aferra tanto a una persona que busca explicaciones externas para no aceptar la verdad.
El apego emocional nos hace idealizar a las personas, minimizar sus acciones y culpar a otros de heridas cuya causa está delante de nosotros. Y aunque otros puedan estar actuando mal, el pecado o las malas decisiones de los demás nunca justifican la condición de nuestro propio corazón.
Cuando el amor se convierte en necesidad
Los versículos siguientes muestran una escena aún más dolorosa. Después del acuerdo con Raquel, Lea salió al encuentro de Jacob y le dijo:
«Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche.» Génesis 30:16 RVR1960
La expresión es impactante; Lea había "comprado" aquella noche con su esposo. Esto deja entrever que Jacob probablemente pasaba la mayor parte de su tiempo con Raquel y que Lea seguía luchando por obtener una atención, un afecto y una cercanía que no nacían espontáneamente del corazón de Jacob.
Jacob no se negó a estar con ella. Después de todo, también era su esposa y la madre de sus primeros cuatro hijos. Pero es llamativo que sea Lea quien sale a buscarlo, quien le recuerda el acuerdo y quien prácticamente le exige aquella noche.
Aquí encontramos una característica peligrosa del apego emocional: la persona rechazada o poco valorada sigue esforzándose por conseguir aquello que el otro no está ofreciendo libremente.
Cuando el amor deja de ser una expresión voluntaria y se convierte en una necesidad desesperada, comenzamos a conformarnos con migajas emocionales, con momentos aislados y con pequeñas muestras de atención que alimentan nuestras esperanzas, pero que no cambian la realidad.
El corazón es engañoso
La raíz del problema no estaba solamente en Jacob, ni tampoco únicamente en Raquel. Había una lucha en el corazón de Lea.
La Escritura nos advierte: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» Jeremías 17:9 RVR1960
Muchas veces el corazón nos hace confundir amor con necesidad, fidelidad con dependencia y perseverancia con negación.
Por eso la Palabra también nos dice: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.» Proverbios 4:23 RVR1960
Cuando el corazón no está sano, podemos terminar aferrándonos a personas, relaciones o expectativas que Dios nunca quiso que ocuparan el lugar que solo le corresponde a Él.
La verdad nos hace libres
Lo más interesante es que Dios no condenó a Lea. Al contrario, fue compasivo con ella y vio su aflicción, pero el Señor quería llevarla a un lugar más alto que vivir dependiendo del amor de Jacob. De hecho, en el nacimiento de Judá, Lea deja de hablar de obtener el amor de su esposo y dice: «Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz.» Génesis 29:35 RVR1960
Poco a poco Dios estaba llevando su corazón a dejar de buscar su identidad en la aceptación de un hombre para encontrarla en Él.
Jesús dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» Juan 8:32 RVR1960
La libertad comienza cuando dejamos de negar la realidad, dejamos de buscar culpables y permitimos que Dios trate con nuestro corazón.
Enseñanza doctrinal
- Las malas decisiones y actitudes de otras personas no justifican la condición de nuestro corazón.
- El apego emocional puede llevarnos a idealizar a las personas, ignorar las evidencias y buscar culpables externos para no enfrentar la realidad.
- Dios quiere que nuestra identidad, seguridad y plenitud estén en Él y no en el afecto o aprobación de los seres humanos.
Aplicación
Examina si hay personas, relaciones o expectativas que han ocupado un lugar desordenado en tu corazón. Pregúntate si estás justificando lo evidente, buscando culpables equivocados o luchando por retener a alguien que no te está ofreciendo libremente amor, respeto o valoración. Pídele al Señor que te ayude a aceptar la verdad y a encontrar en Él la plenitud que ninguna persona puede darte; porque cuando el corazón deja de aferrarse a las personas, queda libre para aferrarse a Dios, y solo en Él encontramos un amor perfecto, seguro y suficiente.