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MÁS QUE SUFRIMIENTO, APRENDIZAJE

 

Introducción del tema


Cuando atravesamos tiempos difíciles, es común concentrarnos únicamente en el dolor, la incomodidad y las pérdidas que el proceso representa. Pero la Biblia enseña que los procesos de Dios no tienen como propósito hacernos sufrir por sufrir ni castigarnos por placer. Detrás de ellos hay un propósito de formación, purificación y preparación.

Dios no solo está interesado en bendecirnos, sino también en prepararnos para sostener la bendición que quiere entregarnos.

¿Qué enseña la Biblia acerca del aprendizaje y la preparación que Dios produce en medio de los procesos?

 

Los procesos son una escuela donde Dios forma el corazón


Muchas veces pensamos que el objetivo principal del proceso es el sufrimiento, cuando en realidad el objetivo es el aprendizaje.


“Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.” Salmo 119:71 RVR1960


David comprendió que incluso las aflicciones podían convertirse en una escuela para aprender a obedecer y conocer mejor a Dios.


Por eso Santiago también enseña: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.” Santiago 1:2-3 RVR1960


La prueba no es el fin; es el medio que Dios utiliza para formar el carácter. Sin embargo, muchas veces desperdiciamos los procesos porque nos concentramos únicamente en el dolor, en las pérdidas, en las incomodidades y en las emociones que todo esto produce. Nos dejamos consumir por la tristeza, la desesperanza y las preguntas sin respuesta, y terminamos sufriendo sin aprender. Cuando esto ocurre, el proceso puede prolongarse más de lo necesario, no porque Dios quiera hacernos sufrir, sino porque aún no hemos comprendido lo que Él desea enseñarnos, por eso, más que preguntarnos cuándo terminará el proceso, deberíamos preguntarnos qué quiere formar Dios en nosotros durante este tiempo.


“Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…” Romanos 12:2 RVR1960


Dios no quiere que vivamos solamente reaccionando emocionalmente al dolor, sino aprendiendo espiritualmente de él. Porque una prueba aprovechada produce crecimiento, pero una prueba desperdiciada puede convertirse simplemente en sufrimiento.
 

El alfarero moldea el barro antes de usarlo


Dios trabaja con nuestro corazón como el alfarero trabaja con el barro.


“Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.” Jeremías 18:3-4 RVR1960


El barro no decide la forma que tendrá. Se somete a las manos del alfarero. Así también, durante los procesos, Dios arranca de nosotros orgullo, autosuficiencia y todo aquello que impide que seamos útiles para sus propósitos.


La actitud correcta es la sumisión.

La poda duele, pero prepara para dar más fruto


A veces pensamos que si ya estamos dando fruto no deberíamos sufrir más. Pero Jesús enseñó que precisamente las ramas que dan fruto son podadas.


“Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía.” Juan 15:2 NVI


La poda parece una pérdida, pero en realidad es preparación para una mayor productividad.


Dios no corta para destruir, sino para multiplicar.


La actitud correcta es el desprendimiento.

La semilla debe morir para producir vida


Jesús utilizó la imagen de la semilla para enseñarnos uno de los principios más profundos del Reino.


“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Juan 12:24 RVR1960


La semilla guardada permanece intacta, pero también permanece sola. Solo la semilla que acepta morir puede multiplicarse y alimentar a muchos. Esto implica morir al ego, al orgullo, a nuestros deseos y a todo aquello que queremos conservar pero que no conviene.


“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen.” 1 Corintios 10:23 RVR1960


La actitud correcta es la entrega.


El fuego revela el verdadero valor


El oro no pierde valor en el fuego; el fuego revela su valor.


“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra.” 1 Pedro 1:7 RVR1960


Las pruebas no tienen como objetivo destruirnos, sino quitar las impurezas que impiden que brille lo que Dios depositó en nosotros.


La actitud correcta es la perseverancia.

Dios prepara al hombre antes de entregarle la bendición


Muchas veces pedimos bendición, pero Dios primero trabaja con el corazón para que sepamos administrarla, porque una bendición recibida sin preparación puede ser desperdiciada.


“Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.” Proverbios 25:28 RVR1960


Dios no solo quiere bendecirnos momentáneamente. Quiere que la bendición permanezca, por eso trabaja primero en nosotros.

  • José fue procesado antes de gobernar Egipto.
  • David fue procesado antes de ser rey.
  • Moisés fue procesado antes de liberar al pueblo.


El proceso prepara al hombre para sostener la recompensa.

La actitud correcta en medio del proceso


La Biblia nos enseña que debemos responder con:

  • Aprendizaje: para no desperdiciar la prueba.
  • Sumisión: para dejarnos moldear por el Alfarero.
  • Perseverancia: para resistir hasta que la fe sea perfeccionada.
  • Desprendimiento: para permitir que Dios corte lo que estorba.
  • Entrega: para morir al ego y permitir que otros sean alimentados por lo que Dios produce en nosotros.


Porque, como dijo Pablo:


“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Filipenses 1:21 RVR1960

 

Principio bíblico


Los procesos no son solamente tiempos de sufrimiento, sino escuelas donde Dios forma el carácter y prepara el corazón para sostener la bendición y producir mucho fruto.

 

Conclusión


La Biblia enseña que el proceso no debe verse únicamente desde la perspectiva del dolor, sino desde la perspectiva del aprendizaje. Dios no permite pruebas para destruirnos, sino para moldearnos, purificarnos, arrancar aquello que impide nuestro crecimiento y prepararnos para lo que viene.


Por eso, más importante que preguntarnos cuándo terminará el proceso, es preguntarnos qué quiere enseñarnos Dios en medio de él. Porque el verdadero peligro no es sufrir, sino sufrir sin aprender.


El proceso terminará, pero las lecciones aprendidas permanecerán y serán las que nos permitirán conservar, disfrutar y multiplicar la bendición que Dios tiene preparada para nosotros.