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LA JUSTICIA QUE PEDIMOS... ¿LA SOPORTARÍAMOS?

 

"Levántate, oh Jehová, en tu ira; álzate en contra de la furia de mis angustiadores, y despierta en favor mío el juicio que mandaste."
Salmos 7:6 RVR1960

Contexto del pasaje

Después de pedir refugio en Dios y examinar sinceramente su propio corazón para asegurarse de que las acusaciones contra él no fueran ciertas, David presenta ahora su causa delante del Señor. Ya no está hablando de su propia conducta, sino de la injusticia que está sufriendo a manos de quienes lo persiguen.

En lugar de responder con violencia o buscar hacer justicia por sí mismo, dirige su clamor al único que tiene autoridad para juzgar con perfecta rectitud: Dios.

Pregunta central

¿Qué nos enseña este versículo acerca de la justicia de Dios y de la manera en que debemos responder cuando somos tratados injustamente?

"Levántate, oh Jehová, en tu ira"

David comienza diciendo:

"Levántate, oh Jehová, en tu ira..."
Salmos 7:6a RVR1960

Al leer estas palabras, llama la atención un contraste con el salmo anterior.

En el Salmo 6 David había orado:

"Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira."
Salmos 6:1 RVR1960

En aquella ocasión pedía misericordia para sí mismo. Ahora, frente a la maldad de sus perseguidores, clama para que Dios actúe como Juez.

Esto no significa que David esté buscando vengarse personalmente. Todo lo contrario. Precisamente porque reconoce que la justicia pertenece a Dios, lleva su causa delante de Él en lugar de tomarla por sus propias manos.

"Despierta en favor mío el juicio que mandaste"

David continúa diciendo:

"…despierta en favor mío el juicio que mandaste."
Salmos 7:6b RVR1960

Su petición no consiste en que Dios actúe movido por un capricho o por favoritismo hacia él.

David apela al juicio que Dios ya había establecido. Es decir, pide que el Señor actúe conforme a su justicia y a su carácter santo.

Esto revela una diferencia importante entre venganza y justicia.

La venganza nace del deseo personal de devolver el daño recibido.

La justicia busca que el bien y el mal sean juzgados conforme a la verdad.

David no intenta ocupar el lugar del juez; reconoce que ese lugar le pertenece únicamente a Dios.

¿Qué dice el resto de la Biblia sobre este tema?

Este principio permanece a lo largo de toda la Escritura.

El apóstol Pablo escribió:

"No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.»"
Romanos 12:19 RVR1960

Observemos que Pablo no niega que Dios hará justicia. Lo que prohíbe es que el creyente asuma ese papel.

Jesús llevó este principio aún más lejos cuando enseñó:

"Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen."
Mateo 5:44 RVR1960

Esto no elimina la justicia divina. Más bien revela cuál debe ser la actitud del creyente mientras espera que Dios actúe.

También Santiago declara:

"Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio."
Santiago 2:13 RVR1960

Quien ha recibido la misericordia de Dios está llamado a reflejar esa misma misericordia hacia los demás, aun cuando deje la justicia en las manos del Señor.

¿Qué nos enseña este pasaje?

Salmos 7:6 nos muestra que acudir a Dios cuando sufrimos una injusticia no es falta de fe ni deseo de venganza; es reconocer que Él es el Juez justo. La Biblia nunca nos llama a ignorar la maldad ni a negar el dolor que produce, pero sí nos enseña a renunciar a la venganza personal y a confiar en que Dios juzgará con perfecta rectitud y en el momento oportuno.

Enseñanza doctrinal

Dios es el Juez justo de toda la tierra. La justicia le pertenece a Él, no al ser humano. Por eso, el creyente puede presentar delante del Señor las injusticias que sufre con la confianza de que Él obrará conforme a su carácter perfecto, mientras renuncia a tomar la justicia por sus propias manos.

Aplicación

Si hoy estás siendo tratado injustamente, lleva tu causa delante de Dios como lo hizo David. Ora con libertad, expresa tu dolor y confía en que el Señor conoce la verdad. Mientras esperas su intervención, evita responder con venganza, resentimiento o deseos de hacer pagar al otro por tus propias fuerzas. Descansa en que Dios hará justicia con perfecta sabiduría y procura reflejar, aun en medio del dolor, la misericordia que tú mismo has recibido de Él.

 

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