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"Jehová Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad; si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo (antes he libertado al que sin causa era mi enemigo), persiga el enemigo mi alma, y alcáncela; huelle en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo. Selah."
Salmos 7:3-5 RVR1960


Contexto del pasaje

David continúa su oración iniciada en los primeros versículos del salmo. Después de pedir refugio y reconocer que solo Dios podía librarlo de sus perseguidores, ahora dirige su mirada hacia sí mismo y examina su propio corazón.

Las acusaciones que pesaban sobre él eran tan graves que David decide presentarse delante de Dios, el Juez justo, dispuesto a aceptar cualquier consecuencia si realmente había cometido aquello de lo que lo acusaban.

Este pasaje nos permite observar una actitud que pocas veces encontramos en el ser humano: antes de exigir justicia, David está dispuesto a ser examinado por Dios.


Pregunta central

¿Todo sufrimiento es consecuencia de un pecado o de una mala decisión?


"Si yo he hecho esto…"

David comienza diciendo:

"Jehová Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad..."
Salmos 7:3 RVR1960

No afirma inmediatamente su inocencia.

Primero permite que Dios examine su vida.

La expresión "si yo he hecho esto" revela humildad.

David no parte de la idea de que siempre tiene la razón.

Está dispuesto a reconocer cualquier pecado si realmente existe.

La Biblia enseña que el creyente debe examinar constantemente su corazón.

"Examinémonos a nosotros mismos delante de Jehová..."

Antes de culpar a otros, David quiere asegurarse de no estar ocultando nada delante de Dios.


"Si he dado mal pago…"

Después añade:

"Si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo..."
Salmos 7:4 RVR1960

David sabe que Dios no solo juzga las acciones visibles.

También juzga la manera como tratamos a quienes nos rodean.

Por eso presenta ejemplos concretos.

No hace una defensa general.

Habla de situaciones específicas.

Eso muestra una conciencia sensible delante de Dios.


"Entonces que el enemigo me alcance"

David continúa:

"Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela; huelle en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo."
Salmos 7:5 RVR1960

Estas palabras son sorprendentes.

David está diciendo que, si realmente es culpable, acepta las consecuencias.

No intenta negociar con Dios.

No busca justificarse.

Está dispuesto a que Dios haga justicia.

Esta actitud solo puede existir cuando una persona ama más la verdad que su propia reputación.


¿Significa esto que todo sufrimiento es consecuencia del pecado?

Aunque David examina primero su corazón, el resto de la Biblia deja claro que no toda aflicción es el resultado de un pecado personal.

Uno de los ejemplos más claros es Job.

La propia Escritura declara que era un hombre íntegro y recto; sin embargo, atravesó pérdidas, enfermedad y profundo sufrimiento.

También encontramos al hombre ciego de nacimiento.

Los discípulos preguntaron a Jesús:

"Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?"
Juan 9:2 RVR1960

Ellos pensaban exactamente como muchas personas piensan todavía hoy:

Si alguien sufre...

Es porque hizo algo malo.

Pero Jesús respondió:

"No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él."
Juan 9:3 RVR1960

Con esta respuesta, el Señor rompe la idea de que toda prueba es consecuencia directa de un pecado.

Hay sufrimientos que Dios permite para formar nuestro carácter.

Otros para manifestar su gloria.

Otros para fortalecer nuestra fe.

Y otros cuyos propósitos solo comprenderemos completamente cuando estemos delante de Él.

Por eso Pablo también escribió:

"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien..."
Romanos 8:28 RVR1960

Dios puede usar incluso aquello que nunca habríamos escogido para cumplir un propósito eterno.


¿Qué nos enseña este pasaje?

Cuando llegan las pruebas, es correcto examinar nuestro corazón delante de Dios, tal como lo hizo David. Sin embargo, debemos evitar la conclusión de que todo sufrimiento es necesariamente el resultado de un pecado específico. La Escritura enseña que Dios puede permitir dificultades con diferentes propósitos: corregir, formar, fortalecer, revelar su gloria o preparar a sus hijos para cumplir mejor su voluntad.


Enseñanza doctrinal

La Biblia enseña que Dios es un Juez justo. Él conoce perfectamente el corazón humano y distingue entre el sufrimiento que es consecuencia del pecado y el que forma parte de sus propósitos soberanos. Por eso el creyente debe vivir dispuesto a ser examinado por Dios, sin caer en la falsa idea de que toda prueba es siempre un castigo.


Aplicación

Cuando atravieses una dificultad, examina primero tu corazón con humildad y permite que Dios revele si hay algo que debas corregir. Pero si después de hacerlo no encuentras una causa relacionada con el pecado, no vivas esclavizado por la culpa buscando explicaciones que Dios no ha dado. Descansa en su soberanía y confía en que, aun cuando no comprendas el motivo de la prueba, Él sigue obrando para cumplir un buen propósito en tu vida.

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