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LA EXCUSA QUE DIOS ANTICIPÓ



 

1. El llamado es anterior a la capacidad

El libro de Jeremías inicia con una declaración poderosa:


“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” Jeremías 1:4–5 (RVR1960)


Dios no solo llama a Jeremías; le revela que su llamado es anterior a su nacimiento. Esto no es un detalle poético, es una afirmación teológica: el propósito de Dios precede a nuestra conciencia de él.


Y es precisamente por esa razón que el Señor lo llama de esta manera y no de otra. No le habla simplemente de una misión futura; le revela que fue escogido desde antes de formarse en el vientre. Dios pudo haber llamado a otro profeta, pero escoge a Jeremías y le da este detalle específico para establecer fundamento, identidad y seguridad desde el inicio.


Si miramos el caso de Jacob, también vemos que fue escogido desde el vientre. En el libro de Génesis, cuando Rebeca estaba embarazada de los gemelos, Dios le habló y le reveló que el mayor serviría al menor (Génesis 25:23). Allí vemos que Jacob fue elegido desde antes de nacer. Sin embargo, a Jacob no se le dijo personalmente ese detalle como base inicial de su llamado.

 

Con Jeremías es diferente. Dios se lo declara directamente a él. ¿Por qué? Porque Dios, que habita la eternidad y conoce el futuro, ya sabía cuál sería la reacción inmediata del profeta.

 

Cuando Jeremías responde:

 

“¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.Jeremías 1:6 (RVR1960)

 

Su excusa es doble: incapacidad y juventud.

 

Pero Dios se anticipó a esa excusa. Al decirle que lo escogió antes de formarlo en el vientre, está invalidando cualquier argumento basado en edad o experiencia. En otras palabras: “Jeremías, si te escogí cuando aún no existías conscientemente, cuando eras más pequeño que ahora, ¿cómo vas a decirme que eres demasiado joven?


Si Dios lo llamó antes de su formación, entonces su juventud presente no es un obstáculo sino parte del plan.


La respuesta de Dios lo confirma:


No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.” Jeremías 1:7 (RVR1960)


El que establece el propósito también determina el tiempo de su ejecución. Y el Dios que conoce el futuro se adelanta a nuestras excusas.

 

2. “Yo te libraré”: ¿de qué exactamente?


Dios continúa diciendo:


“No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.Jeremías 1:8 (RVR1960)


Sin embargo, más adelante Jeremías es golpeado, encarcelado y arrojado a una cisterna (Jeremías 20:38). Entonces surge la pregunta:


¿Dios no cumplió su promesa?


La liberación prometida no fue ausencia de sufrimiento, sino preservación del propósito.


El mismo Jeremías declara:


“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” Jeremías 20:9 (RVR1960)

  • Dios lo libró de desistir.
  • Lo sostuvo para no abandonar su asignación.
  • Lo preservó hasta cumplir su misión.


Esto armoniza con lo que Jesús enseñó en el evangelio de Juan:


“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 (RVR1960)


La promesa divina no es inmunidad al dolor, sino fidelidad en medio de él.

 

3. La verdadera autoridad: ¡La Palabra!



Luego ocurre un acto simbólico fundamental:


“Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.” Jeremías 1:9 (RVR1960)


Inmediatamente añade:


“Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.” Jeremías 1:10 (RVR1960)


Jeremías no recibió un cargo político ni una posición de gobierno. Su autoridad no fue institucional; fue verbal y espiritual. La autoridad que Dios le dio fue su Palabra.


La Escritura confirma el poder activo de esa Palabra:


“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos.” Hebreos 4:12 (RVR1960)


Y también:


“La muerte y la vida están en poder de la lengua.” Proverbios 18:21 (RVR1960)


Dios creó el mundo por medio de su Palabra (Génesis 1).


A Jeremías le dio autoridad para destruir y edificar mediante esa misma Palabra.


Hoy, quienes pertenecen a Cristo también portan esa autoridad, porque la Palabra no solo está escrita, sino que habita en nosotros:


“Mas el Consolador, el Espíritu Santo… él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Juan 14:26 (RVR1960)


La autoridad espiritual no depende de posición social, sino de fidelidad a la Palabra de Dios.

 

 

Aplicación


No midas tu llamado por tu edad, capacidad o estatus. Si Dios te llamó, Él mismo te sostendrá. Y si hoy piensas que eres “muy joven”, “muy inexperto” o “muy limitado”, recuerda: cuando Dios te escogió, estabas en una condición aún más pequeña que esa. La mayor autoridad que posees no es un título, sino la Palabra de Dios en tu boca. Úsala para edificar, confrontar el error y plantar la verdad.

 

 

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