EL JUSTO VENCE SIN VENGARSE
En este pasaje del Libro de los Salmos, David expresa delante de Dios el dolor, la angustia y la presión que le provocaban las personas que se habían levantado en su contra. No eran ataques ocasionados por pecados o faltas cometidas por él, sino persecuciones nacidas de la envidia, el engaño y el rechazo hacia el favor y la unción que Dios había puesto sobre su vida.
David no oculta su sufrimiento. Habla con honestidad delante del Señor y clama pidiendo justicia, mostrando que Dios no rechaza las oraciones sinceras de quienes están siendo atacados injustamente.
El salmista describe la maldad de quienes se levantaban contra él:
“Porque mis enemigos nunca dicen la verdad. Todo lo que quieren es destruir a los demás. Su boca es un sepulcro abierto; usan la lengua para engañar. ¡Dios mío, castígalos! Haz que caigan en sus propias trampas. Dios mío, haz que caigan por sus crímenes incontables, porque se han rebelado contra ti.” Salmos 5:9-10 PDT
Cuando las personas no tienen argumentos reales en nuestra contra, muchas veces recurren a la mentira, al engaño y a la manipulación para destruir nuestra imagen o dañarnos. La mentira nace de un corazón que busca perjudicar a otros. Por eso la Palabra de Dios condena claramente el falso testimonio.
“No hablen mal de otra persona ni digan mentiras en su contra.” Éxodo 20:16 TLA
Sin embargo, aunque la Biblia nos llama a amar a nuestros enemigos y a no tomar venganza por nuestras propias manos, eso no significa que debamos guardar silencio frente a la injusticia o fingir que el dolor no existe.
Jesús enseñó:
“Pero yo les digo que amen a sus enemigos y pidan en sus oraciones por los que los persiguen.” Mateo 5:44 PDT
Amar a nuestros enemigos no significa justificar sus acciones ni permitir el abuso. David entendía que podía acudir a Dios para pedir justicia sin caer en venganza personal. Él no estaba tomando represalias por su cuenta; estaba llevando su causa delante del Juez justo.
La Escritura también enseña:
“No tomen venganza, queridos hermanos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor.” Romanos 12:19 NVI
Por eso es legítimo clamar a Dios cuando somos víctimas de mentira, engaño o persecución. Incluso hacer valer nuestros derechos de manera correcta delante de la justicia humana también puede formar parte de buscar justicia y protección.
David vuelve a expresar esta clase de oración en otro salmo.
“Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; Ponme a salvo de los que se levantan contra mí.” Salmos 59:1 RVR1960
El salmista comprendía un principio espiritual muy importante: cada persona cosecha lo que siembra.
“No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.” Gálatas 6:7 NVI
Quien siembra mentira, engaño y destrucción terminará recogiendo las consecuencias de sus propias acciones. Pero quien decide renunciar a la venganza, permanecer en obediencia y refugiarse en Dios, encontrará protección y favor.
Por eso el salmo termina con esperanza.
“Pero que siempre se alegren todos los que buscan tu protección... Pues tú, SEÑOR, bendices al que te obedece, como un escudo lo cubres con tu favor.” Salmos 5:11-12 PDT
Muchas veces, cuando alguien comienza a enfrentar las consecuencias de las malas acciones que sembró, llama “venganza” a la justicia. Pero la justicia no siempre es persecución; en muchas ocasiones simplemente es la cosecha natural de aquello que se decidió sembrar.
Enseñanza doctrinal
Dios es justo y escucha el clamor de quienes son perseguidos injustamente. La Biblia nos enseña a no tomar venganza por nuestras propias manos, pero también nos muestra que es legítimo acudir a Dios pidiendo justicia y protección. Cada persona termina cosechando aquello que sembró, sea bueno o malo.
Aplicación
Si estás siendo atacado injustamente, no respondas con odio ni con venganza. Lleva tu dolor delante de Dios, clama por justicia y permite que Él sea quien defienda tu causa. Y si alguna vez has usado la mentira, el engaño o la manipulación contra otros, arrepiéntete y cambia tu manera de actuar, recordando que tarde o temprano todos cosechamos aquello que sembramos.