¿NO LO VISTE O NO QUISISTE VERLO?
Ustedes los inexpertos, ¡adquieran prudencia! Ustedes los necios, ¡obtengan discernimiento!
En continuación con el discurso de la sabiduría que se muestra personificada, está exhorta a las personas a cultivar la prudencia y la reflexión antes de actuar.
Cuando se habla de inexpertos, se hace referencia a personas ingenuas que tienden a creer todo lo que les dicen y a confiar sin cuestionar. Mientras que necios se refiere a todo aquel que actúa con terquedad o falta de entendimiento.
Estos dos tipos de personas representan casi la totalidad de la humanidad necesitada. En la cual la sabiduría abarca los dos extremos de la vulnerabilidad humana.
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El inexperto, representa la mente desarmada por falta de luz. (Ignorancia pasiva)
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El necio, representa la mente blindada por rechazo a la luz. (Rebelión u orgullo activo)
La sabiduría es clara y esta no busca al que “ya es sabio” en su propia opinión o al que ya camina en cordura, sino a los que están en peligro moral y espiritual ya que el pecado y el error en la vida del ser humana suele ocurrir por una de estas dos puertas que son:
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Por engano: El inexperto cae porque no sabe identificar la trampa. (Proverbios 14:15). Es aquella persona que recibe de todo pero sin filtro, propensa a ser manipulada por cualquier tipo de doctrina, engaños financieros o malas compañías.
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Por obstinación: El necio cae porque, aun viendo la trampa o conociendo la advertencia, decide caminar hacia ella por orgullo o capricho. (Proverbios 12:15)
La instrucción es clara:
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Detenerse
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Reflexionar
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Permitir que la sabiduría guíe nuestras decisiones.
Con estas instrucciones podemos darnos cuenta de las artimañas del enemigo y/o conocer la intencion de nuestro propio corazon. Ensenando al inexperto a anticipar el peligro y al necio cambiar su actitud moral y dejar que su corazon terco se vuelva maleable.
Ensenanza doctrinal
Este llamado de la Sabiduría refleja una verdad doctrinal profunda: Dios no abandona al ser humano en su estado de vulnerabilidad o extravío. La doctrina bíblica enseña que la gracia divina es instructiva; no solo perdona, sino que educa y transforma la mente.
Mientras que el mundo suele descartar al inexperto por su ignorancia o al necio por su terquedad, Dios sale a su encuentro mediante su Palabra para ofrecer dos remedios doctrinales fundamentales: prudencia para proteger la mente del inexperto contra el engaño del pecado, y discernimiento (cordura) para quebrantar la soberbia del necio. Esto nos recuerda que el verdadero conocimiento espiritual no es un logro del intelecto humano, sino un regalo de la revelación de Dios que exige un corazón dispuesto a ser instruido.
APLICACIÓN
Esta exhortación no es un análisis teórico sobre la conducta ajena, sino que es un espejo en el que cada uno de nosotros debe mirarse. La Sabiduría no nos llama a juzgar a los demás, sino a evaluar la condición de nuestra propia mente ante la verdad de Dios.
El inexperto se caracteriza por la falta de filtro*: cree lo que escucha, consume información sin evaluarla y toma decisiones impulsivas por falta de criterio.
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¿Acepto como verdad todo lo que leo en redes sociales, noticias o sermones sin contrastarlo con la Biblia?
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¿Pido consejo sabio y oro antes de tomar decisiones financieras, laborales o emocionales importantes?
El necio no padece de falta de información, sino de resistencia a la corrección. Su obstinación le impide admitir el error cuando se le confronta con la verdad.
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Cuando un hermano en la fe, familiar o líder me señala una falla, ¿reacciono a la defensiva o justificando mi falta?
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¿Persisto en un hábito o actitud a sabiendas de que la Palabra de Dios lo desaprueba, solo por orgullo o capricho?
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