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DISFRUTA EL CAMINO

 


Hemos aprendido a confiar, a esperar con fe y a reconocer a Dios en medio del proceso. También hemos comprendido su significado, el impacto que puede ejercer en la vida de otros y que tener fe no necesariamente nos exime de atravesarlo. Hemos visto, además, que las dificultades y las presiones pueden contribuir a nuestro crecimiento, madurez, perseverancia y fortaleza.

Pero hay algo más que en ocasiones olvidamos: disfrutar el camino.

Sabemos que un proceso puede conllevar dolor, espera, frustración, incertidumbre y otras dificultades. Sin embargo, eso no significa que todo lo que viviremos mientras lo atravesamos será sufrimiento.

Tenemos un Dios amoroso que, aun en medio de nuestros procesos, nos permite experimentar alegrías, descanso, disfrute y otros momentos agradables que también forman parte de nuestra vida.

¿Estamos tan concentrados en llegar a la meta que hemos olvidado disfrutar lo que Dios también nos permite vivir durante el camino?


Jesús también tuvo momentos para compartir y disfrutar


Nuestro Señor Jesús sufrió, y no podemos minimizar el nivel de sufrimiento que enfrentó, no solamente en la cruz, sino también durante su vida y ministerio: experimentó rechazo, críticas, señalamientos, oposición y finalmente una muerte profundamente dolorosa.

Sin embargo, el sufrimiento no fue lo único que ocurrió durante su vida terrenal.

Jesús tuvo amigos, compartió la mesa con otras personas, asistió a celebraciones y participó de momentos cotidianos junto a sus discípulos. Incluso el primer milagro registrado en el Evangelio de Juan ocurrió durante una boda a la que Él, su madre y sus discípulos habían sido invitados.

“Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.” Juan 2:1-2 (RVR1960)

También lo vemos sentado a la mesa en casa de Zaqueo y compartiendo alimentos con sus discípulos.

Esto nos permite observar que una vida con propósito no es una vida en la que cada instante tiene que estar marcado por el sufrimiento.


Dios no se complace en nuestro sufrimiento


No tenemos un Dios cruel ni malvado, sino misericordioso y amoroso. La Biblia no presenta a Dios como alguien que se complace simplemente en ver sufrir a sus hijos.

“Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” Lamentaciones 3:33 (RVR1960)

Dios también nos ha permitido desarrollar conocimientos, recursos y herramientas que alivian dificultades propias de nuestra vida. La ciencia, la medicina y numerosos avances humanos han contribuido a tratar enfermedades, facilitar trabajos y disminuir esfuerzos que anteriormente representaban cargas mucho mayores.

Reconocer que existen procesos difíciles no significa pensar que debemos rechazar todo aquello que pueda proporcionarnos alivio, descanso o disfrute mientras los atravesamos.


No esperes llegar para comenzar a disfrutar


Enfocarnos en la meta es importante, pero debemos recordar que la meta puede durar solamente un momento, mientras que el camino puede extenderse durante mucho más tiempo.

Si únicamente nos permitimos disfrutar cuando alcanzamos aquello que esperamos, podemos desperdiciar muchas oportunidades de disfrutar, crecer, avanzar y compartir mientras llegamos.

Podemos terminar convirtiéndonos en esclavos de las metas cuando condicionamos nuestra alegría a alcanzarlas. Muy seguramente, después de alcanzar una, surgirá otra diferente o mayor, y esto puede convertir nuestra vida en un proceso interminable de espera, en el que postergamos constantemente el disfrute.

Nuestro gozo no debe depender únicamente de lo que alcancemos o logremos, aunque ciertamente esas cosas pueden alegrarnos. Siempre habrá razones para agradecer a Dios, porque agradecemos por aquello que tenemos, vivimos, recibimos y disfrutamos, incluso mientras seguimos esperando otras cosas.

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5:18 (RVR1960)

Pablo también escribió:

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Filipenses 4:4 (RVR1960)


Hay mucho que disfrutar antes de llegar


Graduarse puede ser la meta y estudiar es parte del proceso.
Requiere esfuerzo, disciplina y muchas horas de dedicación. Pero eso no significa que debamos dejar de disfrutar las amistades que surgen durante la etapa educativa o las experiencias que vivimos en cada encuentro.

La boda puede ser la meta, mientras que prepararla forma parte del proceso. Organizarla puede resultar estresante y agotador, además de implicar gastos y múltiples decisiones. Sin embargo, también podemos disfrutar probar el vestido o el traje, escoger el pastel y el menú, visitar proveedores y seleccionar cada detalle de la celebración.

Tener una vivienda propia puede ser la meta y alcanzarla puede requerir trabajo, ahorro, esfuerzo y confianza en Dios. Pero no por eso debemos dejar de valorar el empleo o los ingresos que permiten ahorrar, ni perder de vista la fidelidad de Dios que podemos experimentar mientras avanzamos hacia aquello que esperamos.

Tener un bebé puede ser la meta, mientras que el embarazo constituye un proceso que puede traer molestias, malestares, citas médicas y diferentes cuidados. Pero esas dificultades no impiden disfrutar la experiencia de esperar su llegada, escoger su primera ropa o preparar el lugar que ocupará en casa.

Estar saludables puede ser la meta, y para alcanzarla quizá necesitemos mejorar nuestros hábitos de alimentación y ejercicio. Sin embargo, el camino también puede disfrutarse: conocer nuevos alimentos, experimentar combinaciones diferentes, preparar recetas saludables o descubrir nuevas maneras de ejercitarnos.

Así ocurre con muchas áreas de nuestra vida. Tenemos metas que deseamos alcanzar, pero podemos concentrarnos tanto en ellas que dejamos de disfrutar el camino que estamos recorriendo para llegar.


También hay regalos de Dios durante el camino


No todo lo bueno está reservado para el final del proceso.

Mientras esperamos aquello que todavía no tenemos, seguimos teniendo una vida que Dios nos permite vivir. Todavía existen personas con quienes compartir, momentos que agradecer, experiencias que disfrutar y detalles cotidianos que podemos reconocer como buenos.

“Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.” Eclesiastés 5:19 (RVR1960)

El problema aparece cuando nuestra mirada está tan concentrada en aquello que todavía falta que dejamos de reconocer lo que Dios ya nos está permitiendo disfrutar.

Por eso, disfrutar el camino no significa negar el dolor del proceso. Significa no permitir que ese dolor nos haga ignorar todo lo bueno que también existe mientras lo atravesamos.


Principio bíblico


El Señor también permite alegría, descanso y consuelo a sus hijos en medio de las dificultades; reconocerlos y disfrutarlos también forma parte del camino.


Conclusión

Los procesos pueden ser etapas de aprendizaje, crecimiento y avance. Aunque en determinadas áreas podamos sentirnos limitados mientras los atravesamos, nuestra vida no queda completamente detenida hasta que llegue la meta.

Aprendamos a reconocer los detalles de Dios durante el camino y a disfrutar aquello que Él nos permite vivir mientras seguimos avanzando. La meta puede durar solo un momento, pero el camino muchas veces será más largo. No dejes de vivirlo esperando llegar al final.

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