EL AMOR QUE DEJA ELEGIR
Uno de los momentos más difíciles en la vida de un padre llega cuando los hijos comienzan a tomar sus propias decisiones.
Mientras son pequeños, gran parte de sus decisiones dependen de nosotros, elegimos por ellos qué comen, dónde estudian, con quién se relacionan y qué es conveniente para sus vidas, pero llega una etapa donde nuestros hijos crecen y deben comenzar a elegir por sí mismos; y es allí donde muchos padres sufren.
Nos duele cuando no toman el camino que les enseñamos; nos duele cuando ignoran nuestros consejos; nos duele cuando vemos que podrían evitar errores y aun así deciden acercarse a ellos.
La pregunta es: ¿qué debe hacer un padre cuando su hijo decide tomar un camino diferente al que le enseñó?
¿Qué enseña la Biblia sobre cómo deben actuar los padres cuando sus hijos tienen la capacidad de decidir y escogen caminos distintos a los que les fueron enseñados?
Nuestra responsabilidad es formar, no controlar
La Biblia enseña claramente que los padres tienen la responsabilidad de instruir.
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Proverbios 22:6 RVR1960
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos.” Deuteronomio 6:6-7 RVR1960
Dios nunca nos llama a controlar el corazón de nuestros hijos, nos llama a enseñar, corregir, orientar, proteger y modelar.
La formación es nuestra responsabilidad; la decisión final será de ellos.
Dios mismo permite que las personas decidan
Uno de los mayores ejemplos lo encontramos en la forma en que Dios trata con nosotros. Desde el principio, Dios permitió que el ser humano decidiera.
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás.” Génesis 2:16-17 RVR1960
Dios mostró el camino correcto; advirtió las consecuencias, pero permitió la elección.
El amor verdadero no obliga, el amor guía.
Muchos hijos de hombres extraordinarios tomaron malas decisiones
La Biblia muestra que ser hijo de una persona piadosa no garantiza automáticamente seguir el mismo camino.
Los hijos de Samuel se desviaron.
“Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre.” 1 Samuel 8:3 RVR1960
Los hijos de David causaron profundo dolor; Amnón, Absalón y Adonías tomaron decisiones equivocadas, incluso Salomón, el hombre más sabio de su tiempo, terminó desviándose en parte de su caminar.
“Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos.” 1 Reyes 11:4 RVR1960
Por otro lado, encontramos ejemplos como Isaac, quien siguió el legado espiritual de Abraham.
Esto nos enseña una verdad importante: Los padres pueden influir profundamente, pero no pueden decidir por sus hijos para siempre.
No debemos exasperar a nuestros hijos
Existe una línea muy fina entre guiar y controlar. Por eso la Biblia advierte:
“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos.” Efesios 6:4 RVR1960
Algunos padres intentan dirigir cada detalle de la vida de sus hijos adultos; quieren decidir sus amistades, sus decisiones, sus proyectos y hasta sus pensamientos, pero Dios no nos llamó a producir dependencia emocional, nos llamó a formar personas capaces de caminar con Él.
El hijo pródigo también tuvo que equivocarse
Quizás el mejor ejemplo bíblico sea el hijo pródigo.
“Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde.” Lucas 15:12 RVR1960
El padre sabía que aquella decisión terminaría mal, aun así, lo dejó ir. No porque estuviera de acuerdo, sino porque entendía que algunas lecciones solo se aprenden caminando.
El padre no dejó de amar, no dejó de esperar, no dejó de estar disponible, pero tampoco corrió detrás de él para impedirle cada error, y fue precisamente en medio de las consecuencias que el hijo entró en razón.
“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! ” Lucas 15:17 (RVR1960)
Hay hijos que regresan más por las consecuencias que por los consejos.
Permitir consecuencias también es amor
Muchos padres quieren evitar todo sufrimiento a sus hijos, pero hacerlo puede impedir que aprendan.
La Biblia enseña:
“No rehúses corregir al muchacho.” Proverbios 23:13 RVR1960
Dios mismo permite que enfrentemos consecuencias para formar nuestro carácter.
“Porque el Señor al que ama, disciplina.” Hebreos 12:6 RVR1960
Proteger no siempre significa evitar el dolor, a veces significa permitir que una consecuencia enseñe lo que una explicación no logró enseñar.
La paz llega cuando dejamos de controlar lo que debemos confiar
Muchos padres viven agotados emocionalmente porque intentan hacer una labor que solo le corresponde a Dios; pueden guiar, pueden aconsejar, pueden orar, pueden amar, pero no pueden convencer el corazón, eso le corresponde al Espíritu Santo.
“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” Juan 16:8 RVR1960
La obra interior es de Dios, nuestra responsabilidad es seguir sembrando.
El agricultor sabe esperar
La crianza tiene mucho de agricultura, se siembra, se cuida, se protege, pero luego hay que esperar.
“Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra.” Santiago 5:7 RVR1960
No todos los frutos aparecen al mismo tiempo, no todas las semillas germinan al mismo ritmo, pero el agricultor sigue confiando.
Principio bíblico
Nuestra responsabilidad es guiar a nuestros hijos hacia el camino correcto; la decisión de seguirlo les corresponde a ellos y la obra en su corazón le corresponde a Dios.
Conclusión
Uno de los mayores actos de fe en la crianza es aprender a confiar en Dios cuando ya hemos hecho nuestra parte. Los padres están llamados a instruir, corregir, amar, proteger y modelar, pero nunca a reemplazar la voluntad de sus hijos.
Dios mismo nos muestra este modelo. Nos guía, nos corrige, nos advierte y nos ama profundamente, pero no nos obliga. Del mismo modo, llegará un momento en que nuestros hijos deberán decidir qué hacer con todo lo que les enseñamos.
Algunos elegirán bien desde temprano. Otros necesitarán aprender a través de sus propias consecuencias. Pero en ambos casos, nuestra tarea sigue siendo la misma: seguir amando, seguir orando, seguir sembrando y seguir confiando.
Porque quien siembra con fidelidad puede descansar sabiendo que Dios sigue obrando aun cuando sus ojos todavía no vean la cosecha.