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CUANDO PARECE OLVIDO, PERO ES PRUEBA

 

“Y el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. Y el hombre la observaba en silencio, dando gracias a Jehová, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no. Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez siclos de oro.” Génesis 24:17-22 RVR1960

 

Contexto del pasaje

El capítulo 24 de Génesis narra uno de los momentos más importantes en la historia de la familia de Abraham: la búsqueda de una esposa para Isaac, el hijo de la promesa.


Abraham envió a su criado de mayor confianza a buscar una mujer entre sus parientes. Al llegar a Mesopotamia, el criado oró pidiendo una señal específica: que la mujer escogida por Dios no solo le ofreciera agua a él, sino también a sus camellos.


Entonces apareció Rebeca. Ella no sabía que estaba participando en una prueba divina. No sabía que aquel hombre era el representante de Abraham. No sabía que detrás de aquella petición aparentemente sencilla se encontraba una oportunidad que cambiaría toda su vida. Simplemente decidió servir.


Un servicio que se volvió más largo de lo esperado

Lo interesante es que Rebeca no solo le dio agua al criado. Ella misma se ofreció a sacar agua para todos los camellos. Esto no era una tarea pequeña.


Anteriormente, el relato nos muestra que el criado había emprendido el viaje con diez camellos:


“Y tomó el criado diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.”
Génesis 24:10 RVR1960


Un camello sediento puede beber una enorme cantidad de agua después de un largo viaje por el desierto. Por lo tanto, Rebeca tuvo que realizar numerosos viajes entre el pozo y el abrevadero hasta que todos quedaron satisfechos.


La labor tomó tiempo. Exigió esfuerzo. Exigió perseverancia. Y mientras ella trabajaba, el criado no la ayudaba.


El versículo 21 dice algo llamativo:


“Y el hombre la observaba en silencio, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no.”
Génesis 24:21 RVR1960


Él estaba esperando. No porque fuera indiferente. No porque fuera ingrato. No porque no valorara su esfuerzo. Estaba observando para confirmar si realmente ella era la mujer que Dios había escogido.


Cuando Dios guarda silencio


Quizás mientras hacía aquel trabajo, Rebeca pudo haber pensado:

  • “¿Por qué nadie me ayuda?”
  • “¿Por qué sigo esforzándome sola?”
  • “¿Por qué este hombre solo mira?”
  • “¿Vale la pena seguir?”


Humanamente esos pensamientos habrían sido comprensibles, sin embargo, Rebeca continuó. No permitió que el cansancio dañara su corazón. No permitió que las circunstancias cambiaran su carácter. No abandonó la tarea que ella misma había decidido realizar. Y precisamente porque terminó la labor, el criado pudo reconocer que la señal pedida a Dios se había cumplido completamente.


Muchas veces sucede lo mismo con nosotros. Comenzamos sirviendo a Dios con alegría. Comenzamos obedeciendo con entusiasmo. Comenzamos caminando por fe, pero cuando el esfuerzo se prolonga y el cielo parece guardar silencio, empezamos a pensar que Dios nos olvidó.


Sin embargo, muchas veces no es olvido; es prueba. Dios está observando lo que hacemos cuando todavía no vemos la recompensa.


La recompensa llegó al final del servicio


El versículo 22 dice que cuando los camellos terminaron de beber, el criado sacó un pendiente de oro y dos brazaletes de oro para Rebeca.


Observe el orden:

  • Primero terminó la tarea.
  • Después llegó la recompensa.


“Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez siclos de oro.”
Génesis 24:22 RVR1960


Rebeca no conocía lo que la esperaba. Ella solo veía cubos de agua. Solo veía cansancio. Solo veía trabajo, pero al final del servicio descubrió que cada viaje al pozo la estaba acercando al propósito que Dios tenía preparado para ella. Aquella recompensa era mucho mayor que el trabajo realizado. Lo que recibió superaba ampliamente el valor de las horas invertidas sacando agua.


Así actúa Dios. Él no paga como los hombres. Él recompensa con generosidad.


Muchas veces pensamos que estamos perdiendo cuando obedecemos, cuando servimos o cuando perseveramos. Pero Dios siempre tiene una recompensa mejor que cualquier sacrificio que podamos hacer por Él.


Una sombra del Evangelio


Esta historia también contiene una hermosa figura profética. Rebeca fue escogida para convertirse en la esposa de Isaac. Antes de conocerlo personalmente, recibió señales visibles que confirmaban que había sido elegida. Aquellos adornos de oro funcionaban como una garantía anticipada de lo que vendría después.


De manera semejante, quienes hemos creído en Jesucristo hemos recibido una garantía divina.


“En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.”
Efesios 1:13-14 NVI


Así como aquellas joyas anunciaban a Rebeca que pertenecía al futuro esposo que la esperaba, el Espíritu Santo nos recuerda que pertenecemos a Cristo y que un día estaremos para siempre con Él.


Todavía no hemos visto la plenitud de lo prometido. Todavía seguimos caminando por fe. Pero ya hemos recibido la garantía de que la promesa se cumplirá.



Enseñanza doctrinal


Dios frecuentemente prueba el carácter antes de revelar el propósito. Las pruebas no siempre consisten en sufrimiento o dolor; muchas veces consisten en perseverar en la obediencia cuando aún no vemos resultados.


El silencio de Dios no significa ausencia de Dios. Mientras Rebeca servía, el criado observaba; mientras nosotros perseveramos, Dios también observa. Y así como Rebeca recibió una garantía anticipada de su futura unión con Isaac, los creyentes hemos recibido al Espíritu Santo como garantía de nuestra futura unión eterna con Cristo.

 

Aplicación


Si hoy estás sirviendo, obedeciendo o perseverando y sientes que Dios guarda silencio, no concluyas que te ha olvidado. Quizá estás atravesando una prueba de fidelidad.


Continúa haciendo lo correcto, 
sigue sirviendo con un corazón limpio y permanece obedeciendo aunque todavía no veas resultados. Recuerda que Rebeca recibió la recompensa después de terminar la tarea, y recuerda también que Dios jamás queda debiendo nada a quienes le sirven con fidelidad. Lo que hoy parece una carga pesada puede estar conduciéndote al propósito más grande que Dios ha preparado para tu vida.

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