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LO QUE DESTRUYE LA COMUNIÓN

 

 

En continuidad con proverbios 6 podemos encontrar dos temas de los cuales Dios nos habla y aborrece. Ambos son semillas de división y destrucción que hieren el corazón humano y dañan la vida en comunión.


La palabra nos recuerda que Dios es verdad y paz, por lo tanto, como sus hijos, estamos llamados a apartarnos de toda forma de engaño y de toda actitud que provoque contienda, para reflejar el carácter de Cristo en nuestras palabras y acciones.

 

Proverbios 6:12–19 describe al hombre perverso no solo por lo que dice, sino por lo que siembra. Dios no solo mira el pecado externo, sino la intención del corazón y el impacto que nuestras actitudes tienen en los demás.

 

1. No seas mentiroso


La mentira y el engaño destruyen relaciones y provocan conflictos. Quien vive en el engaño se convierte en un sembrador de discordia, dañando amistades, familias, comunidades, etc. La palabra enseña que el hombre perverso que anda con boca de mentiroso y con malas intenciones, al final cosecha el fruto de su propia maldad: ruina repentina y sin remedio.

La mentira no siempre se presenta de forma evidente; muchas veces se disfraza de medias verdades, silencios convenientes o palabras dichas para evitar confrontar. Sin embargo, toda forma de engaño, por pequeña que parezca, debilita la confianza y apaga la luz del testimonio cristiano.

 

Dios aborrece la mentira porque desfigura la verdad, rompe la confianza y también hiere el corazón de quienes realmente creen. Pero Él nos llama a andar en integridad, a que nuestras palabras reflejen lo que somos en Cristo: “el camino, la verdad y la vida” Juan 14:6

Vivir en la verdad no es solo decir lo correcto, sino tener un corazón alineado con Dios, aun cuando decir la verdad cueste.

 

 

2. No provoques peleas


Hay actitudes que Dios aborrece porque dañan el corazón humano y destruyen la vida en comunidad. Entre ellas están el orgullo que menosprecia, la mentira que engaña, la violencia que derrama sangre inocente, el corazón que maquina maldad, los pies que corren al mal, el falso testimonio y aquel que siembra discordia en la familia.
 

Estas actitudes no surgen de la nada; nacen en un corazón que no ha sido rendido completamente a Dios. La contienda es el fruto visible de una vida gobernada por el ego y no por el Espíritu.

 

Todas estas conductas provocan pleitos, dividen hogares y comunidades, y alejan a las personas de la bendición de Dios. Donde reina el orgullo y la mentira, la paz no puede florecer; pero donde hay humildad y verdad, la presencia del señor trae unidad y armonía.
 

Como hijos de Dios, estamos llamados a vivir en paz, a ser pacificadores y a reflejar el carácter de Cristo. Él vino a reconciliarnos con Dios y nos enseñó que, aunque surjan divisiones o conflictos por causa de seguirle, debemos responder con un espíritu de paz, así como Él lo hizo.


Evitar los pleitos no es debilidad; es sembrar paz. Y donde se siembra paz, también se abre camino para la bendición.


“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”
Mateo 5:9

“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” Santiago 3:16-17

Dios no nos muestra estas cosas para condenarnos, sino para restaurarnos. Su llamado es a examinar nuestro corazón y permitir que él lo transforme.

 

Entrega a Dios toda actitud que puede provocar división o pleitos y pídele que te haga un instrumento de paz en tu familia, tu iglesia y tu comunidad y empieza a llevar una vida transparente en tus palabras y acciones.

 

 

Aplicación

 

No vivas reaccionando a lo que sientes, a lo que ves o a lo que otros dicen; vive decidido a obedecer la sabiduría de Dios.

 

  • Escucha la voz de Dios antes de tomar decisiones.
    La caída comienza cuando dejamos de prestar atención a la sabiduría y actuamos por impulso.


  • Cultiva discernimiento diariamente.
    No toda voz dulce viene de Dios; aprende a identificar lo que edifica y lo que solo promete satisfacción momentánea.


  • No te muevas por presión, moda o conveniencia.
    Permanece firme en la verdad, aunque otros elijan caminos fáciles o populares.


  • Arraiga tu vida en la Palabra y en la oración.
    Solo quien tiene raíces profundas puede mantenerse firme cuando soplan los vientos de prueba y tentación.


  • Cuida lo que siembras en otros.
    Una vida estable en Dios no solo se protege a sí misma, también bendice y afirma a quienes la rodean.

 

 

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PROVERBIOS16 / 24