¿DIOS PROMETIÓ QUE NUNCA ENFERMARÍAMOS?
Contexto
Después de ser liberado de la esclavitud en Egipto y atravesar el Mar Rojo, el pueblo de Israel comenzó su recorrido por el desierto. Durante tres días caminaron sin encontrar agua y, cuando finalmente llegaron a Mara, descubrieron que sus aguas eran amargas y no podían beberlas.
Ante esta situación, el pueblo murmuró contra Moisés. Él clamó al Señor, y Dios le mostró un árbol que debía echar en las aguas. Cuando Moisés obedeció, las aguas se volvieron dulces.
Fue precisamente en ese lugar, después de sanar las aguas, cuando Dios dio a Israel una instrucción y se reveló como su sanador:
“Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.”
Éxodo 15:26 RVR1960
Israel acababa de experimentar que Dios tenía poder para transformar aquello que no podía sustentar su vida. Sin embargo, el Señor no solamente quería darles agua; también quería enseñarles a vivir bajo su dirección.
Dios había sacado a Israel de Egipto, pero ahora el pueblo debía aprender a escuchar la voz de quien lo había libertado.
¿Éxodo 15:26 enseña que toda persona obediente estará completamente libre de enfermedades?
“Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios”
La primera instrucción que Dios dio fue escuchar atentamente su voz.
En la Biblia, escuchar a Dios no consiste únicamente en oír sus palabras. Implica prestar atención con la disposición de obedecer. No se trata solo de conocer lo que Dios dice, sino de permitir que sus instrucciones gobiernen nuestra manera de vivir.
Israel había permanecido durante muchos años bajo las órdenes de Faraón. Ahora debía aprender a depender de la voz de Dios.
Mucho tiempo después, Jesús describió de manera similar la relación que existe entre Él y quienes le pertenecen:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
Juan 10:27 RVR1960
Jesús no dijo únicamente que sus ovejas reconocen su voz. También afirmó que lo siguen.
Escuchar verdaderamente a Dios siempre produce una respuesta. Cuando Él corrige, debemos abandonar el camino equivocado. Cuando instruye, debemos obedecer. Cuando advierte, debemos detenernos. Cuando guía, debemos seguirlo.
Muchas decisiones que afectan nuestra vida espiritual, emocional, familiar e incluso física comienzan precisamente en este punto: en cuál voz decidimos escuchar.
“E hicieres lo recto delante de sus ojos”
Dios no le dijo a Israel que hiciera lo que le pareciera correcto, sino lo que fuera recto delante de sus ojos. Esta diferencia es fundamental.
El ser humano suele evaluar sus decisiones según sus emociones, deseos, experiencias, conocimientos o conveniencias. Sin embargo, Dios observa elementos que nosotros no alcanzamos a ver. Él conoce nuestras motivaciones, las consecuencias futuras y el efecto que nuestras decisiones pueden producir.
Por eso la Biblia enseña:
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Proverbios 3:5-6 RVR1960
Hacer lo recto delante de Dios significa reconocer que su conocimiento es superior al nuestro.
En ocasiones, lo que Dios considera correcto puede no parecernos lógico, cómodo o conveniente. Sin embargo, la obediencia requiere confiar en Él aun cuando todavía no comprendamos completamente sus razones.
Esto no significa renunciar a pensar ni actuar sin discernimiento. Significa reconocer que nuestra comprensión es limitada y que la palabra de Dios tiene mayor autoridad que nuestras preferencias.
“Dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos”
Dios no dejó a Israel sin dirección. Le entregó mandamientos y estatutos para ordenar cada área de su vida.
Los mandamientos expresaban instrucciones concretas acerca de lo que el pueblo debía hacer o evitar. Los estatutos incluían disposiciones establecidas por Dios para regular su vida espiritual, moral, familiar y comunitaria.
Aunque estos términos pueden tener significados relacionados y en algunos pasajes se utilizan de manera semejante, el énfasis de Éxodo 15:26 es claro: Israel debía tomar en serio toda la instrucción de Dios. Posteriormente, el Señor les dio normas relacionadas con la alimentación, la higiene, el descanso, las enfermedades, el manejo de los desechos, la vida sexual, la justicia y la convivencia.
Estas instrucciones no eran arbitrarias. Muchas de ellas también protegían al pueblo de consecuencias físicas, sociales y comunitarias.
La obediencia a Dios no compra su cuidado ni obliga al Señor a bendecirnos. Sin embargo, vivir conforme a su sabiduría puede librarnos de mucho sufrimiento que nace de decisiones destructivas, imprudentes o pecaminosas.
Hay consecuencias que no son ataques espirituales ni pruebas inevitables, sino el resultado directo de ignorar instrucciones que Dios ya nos dio.
"Ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti"
Para comprender correctamente esta promesa, debemos observar exactamente lo que Dios dijo.
El Señor no declaró que ninguna persona obediente volvería a experimentar jamás una enfermedad. Dijo:
“Ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti”.
Éxodo 15:26e RVR1960
La promesa estaba directamente relacionada con los juicios que Dios había ejecutado sobre Egipto.
Durante las plagas, Egipto experimentó afectaciones sobre sus aguas, animales, cosechas, cuerpos y familias. Hubo mortandad del ganado, úlceras sobre personas y animales, destrucción de cultivos y muerte de los primogénitos. Sin embargo, no todas las plagas eran enfermedades físicas en el sentido médico. Algunas fueron calamidades naturales, agrícolas, económicas, sociales y familiares.
Por lo tanto, no sería correcto afirmar que la palabra “enfermedad” significa automáticamente pobreza, pérdida familiar, ansiedad, inestabilidad financiera o cualquier clase de sufrimiento.
Es cierto que las pérdidas económicas, la escasez y las tragedias familiares pueden afectar profundamente la salud física y emocional de una persona. Pero eso no significa que todas esas realidades estén incluidas directamente dentro del significado de la palabra “enfermedad” en este versículo.
La promesa tenía un contexto específico: Dios estaba estableciendo una relación de pacto con Israel.
Egipto había rechazado repetidamente la palabra de Dios y había endurecido su corazón. Israel, en cambio, debía aprender a escuchar y obedecer.
El Señor les estaba mostrando que no los trataría como había tratado a Egipto si permanecían atentos a su voz y caminaban dentro de sus instrucciones.
Las enfermedades ya existían antes de las plagas
Las enfermedades y aflicciones físicas no comenzaron durante las diez plagas de Egipto. Antes de estos acontecimientos, el libro de Génesis ya menciona que Dios hirió con plagas a Faraón y a su casa cuando Abram estuvo en Egipto:
“Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.”
Génesis 12:17 RVR1960
También se menciona que Dios había cerrado la matriz de las mujeres de la casa de Abimelec y posteriormente las sanó:
“Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos.”
Génesis 20:17 RVR1960
Además, antes de que comenzaran las plagas sobre Egipto, Dios dio a Moisés una señal en la que su mano se volvió leprosa y después fue restaurada:
“Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. 7 Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne.
Éxodo 4:6-7 RVR1960
Estos pasajes demuestran que las enfermedades y aflicciones físicas ya eran conocidas antes de las diez plagas.
Por eso, Éxodo 15:26 no puede interpretarse como una declaración de que las plagas de Egipto representaban todas las enfermedades existentes ni como una promesa de inmunidad frente a cualquier enfermedad futura.
“Porque yo soy Jehová tu sanador”
Después de llamar a Israel a escuchar y obedecer, Dios reveló quién era:
“Yo soy Jehová tu sanador”.
Éxodo 15:26e RVR1960
El fundamento de la esperanza del pueblo no estaba en una fórmula, una práctica o un objeto. Estaba en Dios mismo.
El Señor había sanado las aguas amargas de Mara y ahora se presentaba como aquel que podía preservar, restaurar y sanar a su pueblo.
Esta declaración muestra que la sanidad proviene de Dios. Él tiene poder para intervenir sobre el cuerpo, restaurar lo que está afectado y sostener a quienes atraviesan debilidad. Sin embargo, reconocer a Dios como sanador no significa afirmar que todos los creyentes serán sanados inmediatamente o que nunca experimentarán enfermedades.
La misma Biblia presenta hombres fieles que atravesaron afecciones físicas.
Pablo aconsejó a Timoteo:
“Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.”
1 Timoteo 5:23 RVR1960
Timoteo era un servidor fiel, pero sufría enfermedades frecuentes.
Epafrodito también enfermó gravemente mientras servía en la obra:
“Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él...”
Filipenses 2:27 RVR1960
Pablo también dejó a Trófimo enfermo en Mileto:
“Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto enfermo.”
2 Timoteo 4:20 RVR1960
Estos pasajes impiden que utilicemos Éxodo 15:26 para afirmar que toda enfermedad es evidencia de falta de fe o desobediencia.
Dios sigue siendo sanador aun cuando una persona atraviesa una enfermedad.
¿Toda enfermedad es consecuencia de la desobediencia?
La Biblia muestra que algunas enfermedades o debilidades pueden estar relacionadas con decisiones, hábitos o pecados específicos.
Una vida sin dominio propio, el abuso de sustancias, determinados excesos, la falta de descanso, la violencia, la inmoralidad o el descuido pueden producir consecuencias físicas y emocionales. En esos casos, obedecer a Dios puede protegernos de mucho sufrimiento. Pero la Biblia también enseña que no toda enfermedad es consecuencia directa de un pecado personal.
Cuando los discípulos vieron a un hombre ciego de nacimiento, le preguntaron a Jesús:
“Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”
Juan 9:2 RVR1960
Jesús respondió:
“No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”
Juan 9:3 RVR1960
Los discípulos pensaban que debía existir una culpa específica detrás de aquella condición. Jesús rechazó esa conclusión.
También Job sufrió gravemente, aunque al comienzo de su historia Dios mismo lo describe como un hombre recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Esto nos enseña que no debemos juzgar la condición espiritual de una persona basándonos únicamente en su estado de salud.
Puede existir una enfermedad relacionada con decisiones equivocadas, pero también puede haber enfermedades que no sean consecuencia directa de un pecado personal.
Vivimos en un mundo afectado por el pecado, donde existen la debilidad, el envejecimiento, las afecciones físicas y la muerte. La obediencia a Dios no nos hace inmunes a todas esas realidades.
La obediencia protege, pero no elimina todas las pruebas
Éxodo 15:26 sí establece una relación entre la obediencia y la protección de Dios.
Las instrucciones del Señor buscan nuestro bien. Cuando escuchamos su voz y caminamos conforme a su sabiduría, evitamos muchas consecuencias que podrían perjudicarnos.
La obediencia puede protegernos de caminos, relaciones, hábitos y decisiones que terminan dañando nuestra vida. Sin embargo, la obediencia no significa que nunca atravesaremos pruebas.
Jesús dijo:
“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Juan 16:33 RVR1960
El creyente no está exento del dolor, pero no lo atraviesa sin la presencia de Dios.
También sabemos que el Señor puede utilizar incluso las situaciones difíciles para cumplir sus propósitos:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien...”
Romanos 8:28 RVR1960
Esto no significa que todas las cosas sean buenas. Significa que Dios tiene poder para hacer que incluso aquello que nos duele sea utilizado dentro de su propósito.
Recibir atención médica no contradice la fe
Reconocer a Dios como sanador no significa rechazar médicos, medicamentos, tratamientos o conocimientos científicos.
Dios puede sanar de manera inmediata y sobrenatural, pero también puede hacerlo mediante procesos, profesionales de la salud, cambios de hábitos, medicamentos, procedimientos o periodos de recuperación.
La medicina no ocupa el lugar de Dios. Es uno de los medios que pueden utilizarse para cuidar el cuerpo y tratar una enfermedad.
Buscar ayuda médica no demuestra falta de fe. En muchos casos, es una decisión responsable.
La fe no consiste en negar que algo está ocurriendo ni en abandonar un tratamiento necesario. Consiste en confiar en Dios mientras utilizamos responsablemente los recursos disponibles.
Podemos orar, pedir sanidad y creer en el poder de Dios, al mismo tiempo que recibimos atención médica.
Enseñanza bíblica
Éxodo 15:26 no es una promesa universal de que todo creyente obediente nunca padecerá una enfermedad.
Fue una declaración dirigida a Israel dentro de un contexto específico. Dios prometió no enviar sobre ellos las enfermedades y juicios que había enviado sobre Egipto si escuchaban su voz, hacían lo recto delante de Él y guardaban sus instrucciones. Sin embargo, el pasaje sí revela principios que continúan siendo importantes.
- Dios desea que escuchemos su voz.
- Sus instrucciones buscan protegernos.
- La obediencia puede librarnos de muchas consecuencias destructivas.
- Dios tiene poder para sanar.
- La enfermedad no siempre es consecuencia de un pecado personal.
- La presencia de una enfermedad no significa que Dios haya dejado de ser nuestro sanador.
El centro del pasaje no es una fórmula para evitar toda enfermedad. El centro es una relación de confianza y obediencia con el Dios que guía, protege y sana.
Aplicación
Antes de utilizar este pasaje para afirmar que nunca enfermaremos, debemos permitir que examine nuestra manera de vivir. Podemos preguntarnos:
- ¿Estoy escuchando realmente la voz de Dios o solamente busco que Él apruebe lo que ya decidí?
- ¿Estoy haciendo lo recto delante de sus ojos o únicamente lo que me parece conveniente?
- ¿Existen hábitos o decisiones que están afectando mi salud física, emocional o espiritual?
- ¿Estoy cuidando responsablemente el cuerpo que Dios me dio?
- ¿Estoy rechazando ayuda médica por una interpretación equivocada de la fe?
- ¿Estoy juzgando a quienes atraviesan una enfermedad?
- ¿Confío en Dios aun cuando la sanidad no ocurre de la manera o en el tiempo que esperaba?
Dios continúa siendo nuestro sanador. Podemos clamar por su intervención, confiar en su poder y obedecer las instrucciones que nos ha dado. Pero también debemos cuidarnos, recibir ayuda cuando sea necesaria y evitar convertir la enfermedad de otra persona en una acusación espiritual.
Éxodo 15:26 no nos invita a presumir que jamás enfermaremos, nos llama a vivir atentos a la voz de Dios, a reconocer su sabiduría y a confiar en que sus instrucciones siempre buscan nuestro verdadero bien.