“Nadie tiene mayor amor que este, que es el poner su vida por sus amigos.” Juan 15:13, RVC
Cuando Jesús dijo esto, no hablaba en teoría, hablaba de sí mismo. Él vino a reconciliarnos con Dios, a llamarnos amigos y a dar su vida por nosotros. Ese es el verdadero amor.
No es solo sentir, es entregarse.
Porque el amor verdadero no se mide por lo que recibe, sino por lo que está dispuesto a dar. Y aquí es donde Dios hoy confronta tu corazón: si das esperando algo a cambio, no es amor, es interés.
El amor verdadero se complace en dar, no en negociar. No da para recibir, da porque ama. Sin embargo, esto no significa que amar sea dar y nunca ser correspondido; significa que quien ama de verdad no depende de la respuesta para seguir dando.
Además, hay un principio que no falla: todo lo que siembras, lo cosechas. Pero no siempre en el mismo tiempo ni en el mismo lugar. Jesús lo enseñó así: “Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo…” Juan 4:38, NVI.
Muchas veces damos lo mejor de nosotros esperando recibirlo de la misma persona o en el mismo lugar, y cuando eso no sucede, nos frustramos, nos cerramos y dejamos de amar. Sin embargo, el problema no es que no estés recibiendo, sino que quieres controlar la cosecha.
Y el amor no funciona de esa manera. El amor siembra y confía en Dios el resultado.
Jesús lo explicó aún más profundamente: “Si la semilla de trigo no cae en tierra y muere, se queda sola. Pero si muere, produce mucho fruto.” Juan 12:24, NVI.
Por eso, el verdadero amor muere. Muere al ego, muere al orgullo y muere a la necesidad de ser correspondido inmediatamente. Y es precisamente esa muerte la que produce vida.
Jesús no solo habló de amor, lo demostró muriendo.
Hoy Dios te llama a volver a ese amor: a dejar de amar con condiciones, a dejar de medir lo que das según lo que recibes y a dejar de cerrar tu corazón porque no viste resultados inmediatos.
Volver a Dios es volver a amar como Él ama: sin reservas, sin cálculos y sin egoísmo.
Porque el amor verdadero no se acaba, pero sí necesita morir en ti para que pueda dar fruto a través de ti.
Oración
Señor, enséñame a amar como tú amas. Perdóname por las veces que he dado esperando recibir, y no desde un corazón sincero. Quita de mí todo orgullo, todo egoísmo y toda condición, y haz nacer en mí un amor verdadero, dispuesto a entregarse.
Que mi vida refleje tu amor en todo lo que hago. En el nombre de Jesús, amén.