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¿Sabías que el rechazo puede ser producto de un corazón que siente envidia?

La envidia puede alejarnos de aquellas personas que Dios ha colocado cerca para que aprendamos de ellas y avancemos en aquello que aún nos falta desarrollar, especialmente cuando están un poco o mucho más preparadas que nosotros en determinadas áreas.


Tanto cuando somos rechazados como cuando, sin motivos o razones de peso, sentimos el deseo de rechazar o alejarnos de alguien.

Necesitamos discernir —no ofendernos— lo que ocurre en los demás cuando experimentamos de parte de ellos rechazo y sabemos que no hemos hecho nada para que así se comporten con nosotros; por otro lado, cuando somos nosotros quienes hemos decidido alejarnos de alguien, debemos tambien examinarnos a nosotros mismos, identificando dentro de nuestro corazón si la motivación de ese rechazo puede ser producto de la envidia.


Esto fue lo que le ocurrió a Isaac cuando comenzó a ser bendecido y prosperado por Dios en tierra de los filisteos. Llegó a crecer de tal manera que la Escritura dice:

“El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso. Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia.” Génesis 26:13-14 RVR1960


La prosperidad de Isaac produjo envidia en los filisteos y, posteriormente, Abimelec le pidió que se alejara:

“Entonces dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que nosotros te has hecho.”
Génesis 26:16 RVR1960


¿Qué? ¿En serio?


¿No es acaso más útil tener cerca de nosotros a una persona más poderosa, más sabia o más próspera que tenerla lejos?


Sí, pero no todos piensan así, y mucho menos las personas que sienten envidia.


La envidia puede llevarnos a alejarnos de aquellos que tienen un mayor desarrollo que nosotros en una o varias áreas de su vida, porque no soportamos ver que alguien crezca más o tenga mayor éxito. Preferimos perdernos de la sabiduría, el consejo, la mentoría o la asesoría que podríamos recibir de esas personas —y que podrían ayudarnos también a aprender, crecer y prosperar— antes que permanecer cerca y reconocer que han logrado avanzar más que nosotros en determinadas áreas.


Algo semejante, aunque por una motivación que la Biblia no identifica explícitamente como envidia, ocurrió con Faraón cuando observó el crecimiento del pueblo hebreo.


Antes de convertirse en esclavos, los hebreos eran extranjeros que habitaban en Egipto; sin embargo, llegó un faraón que no conoció a José ni todo lo que este había hecho allí. Este faraón se enfocó en el crecimiento que habían alcanzado los hebreos y en el gran número en que se habían multiplicado:

“Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique…”
Éxodo 1:8-10 RVR1960


Aunque en el caso de Faraón no se presenta explícitamente la envidia como su motivación, sí podemos observar cómo Faraón percibió como una amenaza que aquel pueblo hubiera crecido y se hubiera multiplicado hasta llegar a ser, según sus propias palabras, “mayor y más fuerte que nosotros”. Entonces decidió someterlo a trabajos forzados e intentar detener su crecimiento. Éxodo relata que, cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y crecían.


Este comportamiento también podemos verlo desde que somos pequeños. En los colegios, algunos niños —y muchas veces las niñas— comienzan a decir de quienes ocupan los primeros puestos o sobresalen académicamente: “Esa niña es muy creída” o “se cree mucho”. Entonces comienzan a alejarse de ellos e incluso pueden someterlos a bullying: los rechazan públicamente, los ofenden y, en algunos casos, llegan hasta las agresiones físicas.


En vez de acercarse para aprender más y procurar también alcanzar mejores resultados, se alejan por envidia.


Y siendo adultos también podemos hacerlo. Podemos alejarnos de jefes, mentores, pastores o maestros, en vez de procurar estar cerca para aprender de ellos y también crecer.


¿Qué ocurre cuando, en vez de admirar a alguien y aprender de él, decidimos rechazarlo, ya sea expresándolo externamente o haciéndolo solamente desde nuestro corazón?


Siendo razonables, ¿no sería mejor acercarnos a quienes han podido llegar más lejos, preguntarles cómo lo lograron y aprender de ellos, en lugar de alejarnos e intentar una y otra vez, mediante prueba y error, alcanzar aquello que ellos ya alcanzaron?


La envidia nos sitúa en un lugar en el que podemos perder mucho más de lo que creemos perderá el otro por alejarnos de él. 


La envidia es un enemigo que no afecta principalmente a aquel a quien rechazamos o a quien le decimos: “Aléjate”Puede afectarnos a nosotros, porque puede hacernos perder aquello que podríamos ganar permaneciendo cerca y aprendiendo de esa persona en las áreas en las que ha alcanzado un mayor desarrollo.

Es preciso analizar nuestro corazón y escarbar incluso en el más mínimo deseo para descubrir qué motivación hay detrás y cuál es la fuente que lo está alimentando.


¿Me enoja cuando le dan crédito a otra persona? ¿Cuál es mi reacción y qué estoy sintiendo cuando Dios me permite ver el crecimiento de otros, ver sus recompensas, bendiciones, logros y avances que yo todavía no he obtenido?


¿Me alegro con ellos? ¿Me duele ver la derrota o el fracaso de otros y me duelo con ellos, o en el fondo me alegra, aunque no lo exprese?


La Palabra nos enseña:

“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.” Romanos 12:15 RVR1960


¿Veo como una oportunidad para mí que otra persona haya tropezado o se haya detenido porque considero que ahora puedo avanzar y sobrepasarla en el camino hacia alguna meta que me he propuesto?


¿Cómo me siento cuando veo que a alguien le va mejor que a mí? ¿Cuál es mi reacción interna o externa frente a alguien que considero que se ve mejor que yo?


La persona de la cual nos alejamos a causa de la envidia no necesariamente será la más perjudicada por nuestra ausencia. Podemos ser nosotros quienes perdamos el momento, la temporada y la oportunidad de alimentarnos de aquello que otra persona tiene y que podría ayudarnos a impulsar, desarrollar o llevar a otro nivel aquello que nosotros también tenemos.


¿Qué debemos hacer, entonces, si hemos descubierto que sentimos envidia de alguien y que esa es la principal razón de nuestro rechazo hacia esa persona?


La Biblia nos muestra a un rey que no supo manejar estos sentimientos y terminó convirtiéndolos en una persecución que no trajo ningún bien a su vida, mientras aquel a quien rechazaba continuaba creciendo y prosperando. Ese rey fue Saúl.


David servía bajo la autoridad de Saúl y había sido puesto por él sobre gente de guerra. Después de una de sus victorias, las mujeres comenzaron a cantar:

“Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles.” 1 Samuel 18:7 RVR1960


En vez de alegrarse por las victorias de David, que también beneficiaban al reino que él gobernaba, Saúl permitió que la comparación produjera enojo y cambiara la manera en que miraba a David:

“Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino. Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.” 1 Samuel 18:8-9 RVR1960


Posteriormente, Saúl llegó a intentar hacerle daño y terminó alejándolo de sí; sin embargo, mientras Saúl lo rechazaba, David continuaba avanzando:

“Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él.” 1 Samuel 18:14 RVR1960


Por eso, cuando descubrimos envidia en nuestro corazón, no debemos alimentarla hasta permitir que transforme nuestra manera de mirar y tratar a los demás. Necesitamos examinar lo que sentimos y aprender a gozarnos con los que se gozan, en lugar de convertir sus avances en motivos de comparación y rechazo.


Oración


Señor, mi Dios y Padre, ayúdame a amar a los demás como me amo a mí mismo y a verlos con compasión, como tú los ves. Ayúdame a alegrarme con sus victorias y a llorar con ellos en sus derrotas o fracasos. Ayúdame a discernir las oportunidades de crecimiento que pueden llegar por medio de la cercanía de personas que han avanzado más que yo, y a no rechazar el privilegio de tenerlas cerca y aprender de ellas.


También te pido sabiduría y humildad cuando sea yo la persona de quien otros decidan alejarse a causa de la envidia que han permitido aflorar y crecer en su corazón. Dame un corazón humilde y no permitas que yo también los rechace o los juzgue. En el nombre de Jesús. Amén.