Dios le reveló a Rebeca que el mayor serviría al menor. Era una palabra verdadera. Pero el problema no fue la promesa… fue el manejo del tiempo.
Desde pequeño, Jacob parecía saber que algo grande le esperaba. El deseo por la primogenitura no nació el día que engañó a Isaac. Antes ya había intentado obtenerla negociando con Esaú:
“Y dijo Jacob: Véndeme en este día tu primogenitura.” Génesis 25:31 (RVR1960)
Un anhelo prematuro puede convertirse en obsesión cuando no sabemos esperar. Es muy probable que, al conocer desde temprano la palabra que Dios le había dado a su madre, ese anuncio sembrara en Jacob una expectativa constante.
La promesa, dicha fuera de tiempo o sin el proceso adecuado, genera presión interna.
La Escritura nos recuerda:
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Eclesiastés 3:1 (RVR1960)
No toda verdad debe revelarse antes de que el corazón esté listo para administrarla.
Algo similar ocurrió con José. Dios le mostró su futuro en sueños, pero al contarlo imprudentemente a sus hermanos, provocó rechazo y sufrimiento:
“Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.” Génesis 37:5 (RVR1960)
Decir una verdad fuera de tiempo también puede traer consecuencias. No todo lo que es verdadero debe decirse en cualquier momento.
Jesús nos enseñó que la ansiedad nace cuando intentamos tomar el control que le pertenece a Dios:
“¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” Mateo 6:27 (RVR1960)
Dios es un Dios de procesos:
-
A Abraham no le mostró todo el camino en un solo día.
-
A los patriarcas les confirmó sus promesas por etapas.
-
A Israel no le entregó la tierra prometida de una vez, sino conquista tras conquista.
“Y Jehová tu Dios echará a estas naciones delante de ti poco a poco; no las podrás acabar en seguida.” Deuteronomio 7:22 (RVR1960)
Dios trabaja progresivamente porque el carácter también se forma progresivamente.
Cuando adelantamos etapas, producimos ansiedad. Cuando queremos poseer antes de tiempo lo que Dios prometió, podemos terminar forzando situaciones. Eso fue lo que ocurrió con Jacob: el deseo que creció en él lo hizo vulnerable al consejo equivocado de su madre.
Hay promesas que Dios no nos muestra completas porque aún no estamos listos para sostener su peso. Él nos las revela en el momento exacto para que perseveremos, oremos y crezcamos mientras esperamos.
“Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.” Eclesiastés 7:8 (RVR1960)
La ansiedad estorba los procesos. La confianza los honra.
Si Dios te ha prometido algo, no necesitas apresurarlo. Si aún no te ha mostrado todo, es porque su sabiduría sabe cuánto puedes cargar hoy.
Esperar también es obediencia.
Oración
Señor, enséñame a respetar tus tiempos. Guarda mi corazón de la ansiedad y ayúdame a confiar en tus procesos, aunque no vea el panorama completo. En el nombre de Jesús. Amén.