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La historia de Rebeca nos confronta con una pregunta profunda: ¿estamos siendo diligentes… o estamos actuando desde la ansiedad?


Cuando estaba embarazada, Rebeca sintió una lucha en su vientre y consultó al Señor. Dios le respondió revelándole su plan:


“Y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor.” Génesis 25:23 (RVR1960)


Dios le mostró su voluntad. Rebeca creyó esa palabra. Pero creer no siempre es lo mismo que confiar.


El problema comenzó cuando las circunstancias parecían contradecir la promesa. Isaac prefería a Esaú, el primogénito. Humanamente, todo indicaba que él recibiría la bendición. El temor de que el plan de Dios no se cumpliera llevó a Rebeca a intervenir con engaño, persuadiendo a Jacob para mentir a su padre y obtener la primogenitura.


Sin embargo, la Escritura es clara:


“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.” Proverbios 3:5 (RVR1960)


Rebeca creyó la palabra, pero no descansó en ella. Actuó para “asegurar” lo que Dios ya había prometido. Y aunque el propósito de Dios se cumplió, el precio fue alto: separación, dolor y años de consecuencias.


La ansiedad intenta acelerar lo que solo el tiempo y la soberanía de Dios pueden establecer. La diligencia bíblica, en cambio, se mueve en obediencia, no en manipulación.

  • Creer es aceptar que Dios existe.

  • Confiar es descansar en que Él cumplirá lo que prometió, aun cuando todo parezca contrario.

 

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Jeremías 29:11 (RVR1960)


La mano del hombre no puede impedir los planes de Dios, pero sí puede traer retrasos innecesarios cuando actuamos desde la ansiedad y no desde la confianza.


Es necesario que conozcamos bien la diferencia entrre estas dos palabras:


Diligencia


Proviene del latín diligentia, que significa “cuidado atento”, “amor por hacer algo correctamente”, “esmero constante”. Está relacionada con el verbo diligere, que implica apreciar o amar con intención.


En la Biblia, la diligencia está asociada a obediencia activa y responsabilidad bajo la voluntad de Dios:


“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.” Romanos 12:11 (RVR1960)


La diligencia bíblica no es apresuramiento; es acción alineada con la dirección de Dios.


Ansiedad


Proviene del latín anxietas, que significa “angustia”, “aflicción”, “opresión interior”. Está ligada a angere, que significa “estrangular” u “opresión”.


En la Biblia, la ansiedad se relaciona con afán excesivo y falta de descanso en Dios:


“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios…” Filipenses 4:6 (RVR1960)


La ansiedad oprime el corazón porque intenta tomar el control que pertenece a Dios.



En resumen,


Diligencia es:

  • Actuar desde la obediencia

  • Confiar mientras Dios trabaja

  • Movernos en el tiempo de Dios

  • Tener paz y firmeza en lo que ha prometido


Ansiedad es: 

  • Actuar desde el miedo

  • Intentar controlar

  • Desesperarnos y movernos fuera del tiempo de Dios

  • Sentir presión y angustia

 

La diferencia clave:

  • La diligencia nace de la confianza.

  • La ansiedad nace del temor.


Rebeca no fue diligente; fue ansiosa. La diligencia habría sido orar y esperar. La ansiedad la llevó a intervenir.


Hoy la pregunta sigue vigente:


¿Estoy caminando en diligencia o estoy intentando ayudarle a Dios?

 

 

Oración


Señor, enséñame a confiar plenamente en tu palabra. Guarda mi corazón de la ansiedad y ayúdame a esperar tus tiempos sin intentar adelantar tus planes. En el nombre de Jesús. Amén.