Hay una confusión peligrosa que muchos no logran ver: ser de Dios no significa tener la autoridad que otros tienen.
En el pueblo de Israel, todos habían sido apartados por Dios. Todos eran “santos”. Pero no todos tenían la misma asignación. Aun así, Coré y otros líderes decidieron cuestionar a Moisés y Aarón:
“¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos…” Números 16:3 RVR1960
Tenían un argumento válido, pero una actitud incorrecta. Y aquí está la verdad que confronta hoy: No todo lo que parece justo, está alineado con la voluntad de Dios.
Sí, Dios te apartó. Sí, eres parte de su pueblo. Pero eso no significa que puedes tomar cualquier lugar, ni asumir cualquier función. La autoridad espiritual no se reclama, se recibe.
“Nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios.” Hebreos 5:4 RVR1960
El problema de Coré no fue falta de espiritualidad, fue orgullo disfrazado de justicia. Quiso ocupar un lugar que Dios no le había dado. Y muchos hoy caen en lo mismo:
- Sirven, pero quieren reconocimiento
- Crecen, pero quieren posición
- Aman a Dios, pero rechazan el orden que Él estableció
Pero Dios no respalda lo que Él no asignó. Cuando quiso dejarlo claro, hizo algo poderoso:
La vara de Aarón floreció. Números 17:8 RVR1960
- Sin esfuerzo humano
- Sin competencia
- Sin comparación
Dios mismo confirmó a quien Él había elegido
REFLEXIÓN
- ¿Estás sirviendo donde Dios te llamó o buscando un lugar que Él no te dio?
- ¿Estás honrando la autoridad o resistiendo el orden de Dios en silencio?
Porque no todo deseo de avanzar viene de Dios. A veces, es el orgullo queriendo subir.
ORACIÓN
Señor, guarda mi corazón de la soberbia. Enséñame a aceptar el lugar que tú me has asignado. Quita de mí el deseo de compararme o de tomar lo que no me corresponde. Hazme fiel, humilde y obediente. Que mi mayor honra sea agradarte a ti, no ser visto por otros. En el nombre de Jesús. Amén.