En un día como hoy, en el que la Iglesia recuerda a Jesús, nuestro Salvador, no solo contemplamos su nacimiento, sino también su verdad. Jesús no vino únicamente a traer consuelo, vino a revelar, a redimir y a advertir. Recordar a Cristo es recordar que Él es la medida por la cual toda voz, todo mensaje y toda promesa deben ser evaluados.
Él mismo nos alertó de que vendrían engaños, señales y palabras seductoras que intentarían ocupar el lugar que solo a Él le pertenece:
“Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los escogidos.” Mateo 24:24 (NVI)
Hoy, al mirar a la cruz y al sepulcro vacío, también somos llamados a mirar con discernimiento los tiempos que vivimos. Honrar a Jesús como Salvador no es solo creer que Él murió y resucitó, sino permanecer firmes en Su Palabra, para no confundir la paz que ofrece el mundo con la paz que solo Él puede dar:
“La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo.” Juan 14:27 (NVI)
Desde esta verdad eterna, entramos en esta reflexión…
Un llamado al discernimiento y a la Palabra
La Escritura nos advierte que no toda voz que habla de paz proviene de Dios. El profeta Jeremías dejó una clave espiritual profunda:
“Pero a un profeta que anuncia paz se le reconoce como profeta verdaderamente enviado por el Señor solo si se cumplen sus palabras.” Jeremías 28:9 (NVI)
Este principio será usado en los tiempos finales de forma engañosa. La Biblia revela que el anticristo actuará aliado con otro personaje poderoso llamado el falso profeta (Apocalipsis 13:11–14). Juntos proclamarán paz, y durante un tiempo —los primeros tres años y medio— parecerá que todo confirma sus palabras. Esa aparente estabilidad hará que muchos crean que vienen de Dios.
La Escritura confirma este escenario:
“Cuando digan: ‘Paz y seguridad’, entonces vendrá sobre ellos la destrucción repentina…” 1 Tesalonicenses 5:3 (NVI)
La paz sin arrepentimiento, sin verdad y sin la cruz, no es la paz de Dios. Aun así, muchos creerán, porque verán que “se cumple” lo anunciado, y usarán incluso la Palabra para justificar su fe en el engaño.
Pero Dios no dejó a su pueblo sin advertencia ni sin luz.
“El ardor de la ira del Señor no se calmará hasta que haya realizado plenamente los propósitos de su corazón. En los días venideros lo comprenderán.” Jeremías 30:24 (NVI)
Hay entendimientos que Dios reserva para el tiempo final. No porque quiera ocultarlos, sino porque requieren madurez espiritual, discernimiento y una relación viva con Él.
Por eso el Señor le dijo a Jeremías:
“Así dice el Señor, el Dios de Israel: ‘Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho’.” Jeremías 30:2 (NVI)
La Palabra escrita es un ancla en medio del engaño. Dios insiste en que lo que Él habla sea guardado, leído y meditado. No para información, sino para preservación espiritual.
Y en medio de juicios y advertencias, Dios reafirma su promesa generacional:
“Sus hijos volverán a ser como antes; ante mí será restablecida su comunidad, pero castigaré a todos sus opresores.” Jeremías 30:20 (NVI)
Oración
Señor, dame discernimiento para no dejarme engañar por falsas señales y firmeza para permanecer en tu Palabra hasta el fin. En el nombre de Jesús. Amén.