Esta no es una enseñanza del llamado pensamiento positivo. Es una enseñanza bíblica que revela cómo lo que ocurre en nuestro interior termina manifestándose inevitablemente en nuestra manera de vivir.
La Biblia nos muestra que nada en la vida del ser humano nace de la nada. Todo sigue un proceso, una ruta interna que comienza en los pensamientos y termina expresándose en acciones visibles.
Podemos ilustrarlo como un árbol:
- Raíces: Pensamientos
- Tronco: Emociones
- Ramas y hojas: Sentimientos
- Frutos: Acciones y comportamientos
“Porque cuáles su pensamiento en su corazón, tal es él. ” PROVERBIOS 23:7a RVR1960
RAÍCES: LOS PENSAMIENTOS
Los pensamientos son la base de todo. Son aquello en lo que meditas la mayor parte del día y, muchas veces, también por la noche. Meditar no es algo místico: es pensar en algo con profundidad, repasarlo una y otra vez, analizarlo, rumiarlo en la mente.
La Escritura nos exhorta:
“En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes.” Efesios 4:23 NTV
Los pensamientos no aparecen por accidente. Se van arraigando en nuestra mente a partir de lo que vemos y lo que oímos, porque el ojo y el oído son las puertas que los alimentan.
“»Tu ojo es como una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!” Mateo 6:22-23 NTV
“Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.” Romanos 10:17 NVI
Lo que consumes con tus sentidos termina sembrándose en tu interior, y toda semilla, tarde o temprano, produce fruto.
Un plus: los pensamientos y los sueños
De los pensamientos también nacen los sueños del alma. La Biblia nos permite entender que no todos los sueños tienen el mismo origen:
- Sueños que vienen de Dios, mediante los cuales Él habla, guía o advierte. (lee Job 33:14–16)
- Sueños que vienen del enemigo, cuyo propósito es atemorizar, confundir, engañar o inducir al pecado. (lee Juan 10:10a)
- Sueños almáticos, producidos por nuestros propios pensamientos, deseos, anhelos, temores y por el alimento que le damos al alma (lo que vemos y oímos). No vienen de Dios ni del enemigo; nacen de nuestro interior.
“De las muchas ocupaciones brotan los sueños y de las muchas palabras, las tonterías.” Eclesiastés 5:3 NVI
TRONCO: LAS EMOCIONES
Las emociones son como el tronco del árbol: su firmeza dependerá de qué tan profundas y sanas sean las raíces.
Las emociones suelen ser reacciones frente a lo externo, pero no gobiernan nuestras decisiones.
“«Si se enojan, no pequen». No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol ni den cabida al diablo.” Efesios 4:26-27 NVI
La ira, por ejemplo, es una emoción legítima que puede surgir ante una situación injusta; sin embargo, pecar es una decisión. Esto deja claro que ninguna emoción nos obliga a actuar de determinada manera. Podemos sentir muchas cosas, pero siempre decidimos cómo responder.
Los pensamientos influyen directamente en nuestras emociones. Pensamientos dominados por el temor y la inseguridad producen ansiedad y angustia; pensamientos llenos de fe y esperanza producen paz.
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” ISAÍAS 26:3 RVR1960
RAMAS Y HOJAS: LOS SENTIMIENTOS
Las ramas y hojas hacen visible cuán frondoso es un árbol. Los sentimientos nacen después de las emociones, pero no son reacciones momentáneas; son el resultado de interpretar, recordar y procesar lo que vivimos.
Un sentimiento se construye con el tiempo. No surge solo por estímulos externos, sino por la manera en que pensamos y meditamos en lo que experimentamos.
Un ejemplo claro es el amor. Muchas veces se habla de “amor a primera vista”, pero en realidad eso es una emoción: atracción. El amor verdadero se desarrolla cuando conoces a la persona, analizas su carácter, valoras sus virtudes y decides permanecer.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” PROVERBIOS 4:23 RVR1960
El amor crece cuando eliges pensar en las virtudes más que en los defectos, cuando decides compartir tiempo, construir recuerdos y proyectar un futuro. Por eso, el amor es una decisión.
Lee 1 Corintios 13:4-7
FRUTOS: LAS ACCIONES Y LOS COMPORTAMIENTOS
Finalmente, los frutos revelan la verdadera condición del árbol. Nuestra forma de actuar depende directamente de los pensamientos que gobiernan nuestro interior.
“Por sus frutos los conocerán”. Mateo 7:16a NVI
Si tus pensamientos están centrados en el dinero, tus acciones girarán en torno a conseguirlo. Si están centrados en el deseo desordenado, tu mirada se desviará con facilidad. Si tus pensamientos están enfocados en tus hijos, tu vida se organizará en función de ellos. Si están llenos de odio o venganza, vivirás desconfiado y te será difícil relacionarte sanamente.
Toda acción fue pensada primero. Nadie actúa con la mente en blanco.
“Porque del corazón salen los malos pensamientos… Estas son las cosas que contaminan a la persona…” Mateo 15:19a-20a NVI
Incluso Dios obra primero desde el pensamiento y el propósito.
“Entonces dijo Dios: «¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza..” Génesis 1:26a RVC
“En él, Dios nos escogió antes de la fundación del mundo…” Efesios 1:4 RVC
Dios pensó en nosotros antes de hablarnos a la existencia, y de la misma manera, nuestras palabras y acciones nacen primero en lo que pensamos.
REFLEXIÓN
Si deseas cambiar tus acciones, no comiences por el fruto. Ve a la raíz. Permite que el Espíritu Santo renueve tus pensamientos, porque cuando la raíz es transformada, el árbol entero también lo será.
“Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto.” Romanos 12:2 RVC
Oración
Señor, examina mis pensamientos y limpia mis raíces. Renueva mi mente por tu Espíritu y haz que todo lo que nazca de mi interior produzca frutos que te honren. Que mi vida refleje lo que tú siembras en mí. En el nombre de Jesús, amén.