Hoy Dios quiere confrontarte con una verdad incómoda: ver no siempre produce fe. Hay quienes piensan que creerían más si vieran más, si tuvieran una señal, un milagro, una evidencia clara. Pero la realidad es otra: muchos vieron y aun así no creyeron.
“Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído… lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos… Él es la Palabra de vida…” 1 Juan 1:1–4, NTV
Los discípulos caminaron con Jesús, lo escucharon, vieron sus milagros y aun así, no todos creyeron. Incluso los más cercanos dudaron.
“Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron.” Juan 1:11 NTV
“Lo cierto es que ni siquiera sus hermanos creían en él.” Juan 7:5 NVI
Esto revela algo profundo: el problema no es falta de evidencia, es dureza de corazón. Hoy sucede lo mismo. Se predica, se enseña, se testifica, Dios sigue obrando, transformando vidas, haciendo milagros. Pero aun así, muchos ven y no creen.
“Dios nos dio a conocer todo esto por medio de su Espíritu…” 1 Corintios 2:9–10, TLA
Porque la fe no nace de ver con los ojos, nace de un corazón dispuesto a rendirse.
Muchos caminaron con Jesús, pero decidieron irse.
“A partir de entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo…” Juan 6:66 RVC
No fue falta de pruebas, fue falta de rendición. Y hoy, Dios sigue mostrando su poder, incluso en lo más evidente:
“Por medio de todo lo que Dios hizo… pueden ver a simple vista… su poder eterno y su naturaleza divina.” Romanos 1:20, NTV
Aun así, el corazón humano busca excusas.
“Ustedes piden una señal porque son malos y no quieren creer…” Mateo 16:4a, TLA
Cada vez que ves lo que Dios hace y decides ignorarlo, tu corazón se endurece más. Y la incredulidad comienza a crecer en silencio.
Y esa incredulidad tiene consecuencias:
“De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios…” Hebreos 11:6, NTV
“Cuando levanten las manos para orar… no escucharé…” Isaías 1:15a, NTV
No porque Dios no quiera oírte sino porque un corazón cerrado no puede conectar con Él. Pero aún hay oportunidad.
No necesitas más pruebas, ni más señales, necesitas rendirte.
Hoy puedes dejar de resistirte, dejar de endurecer tu corazón y responder a lo que Dios ya te ha mostrado.
“Ezequías… no fue agradecido… pero se humilló ante Dios… y el Señor no descargó su ira sobre ellos…” 2 Crónicas 32:24–26, DHH94I
Porque lo que Dios busca no es perfección, es un corazón que se humilla y vuelve a Él.
Oración
Señor, hoy reconozco que muchas veces he visto tu obra y aun así he dudado. Perdóname por endurecer mi corazón y por no responder a lo que ya me has mostrado. Quita toda incredulidad de mí y enséñame a creer con un corazón rendido. Abre mis ojos espirituales, ayúdame a confiar en ti y a vivir una fe genuina. Hoy decido acercarme a ti con humildad y reconocer que tú eres mi Señor. En el nombre de Jesús. Amén.