Frente a aquello que evidentemente es falso, no es necesario el discernimiento; pero cuando un engaño contiene elementos verdaderos, es allí donde la luz de Dios y el discernimiento que recibimos por medio del Espíritu Santo se vuelven indispensables para no caer en los engaños del enemigo que, a simple vista, no lo parecen.
Por eso, Dios nos exhorta a estar atentos a los engaños del enemigo. Él puede disfrazarse y parecer verdadero, pero, si examinamos aquello que se presenta ante nosotros a la luz de la Palabra, podremos descubrir sus inconsistencias.
La Palabra de Dios dice que nuestro adversario anda “como león rugiente”. Parece un león, actúa como uno, pero el texto no dice que lo sea. Por eso debemos tener cuidado con sus disfraces y permanecer atentos a sus estrategias.
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”
1 Pedro 5:8 RVR1960
La Escritura también advierte que Satanás sabe disfrazarse de algo que aparentemente proviene de Dios:
“Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.”
2 Corintios 11:14 RVR1960
Sus disfraces pueden estar muy bien elaborados; sin embargo, aun aquello que parece verdadero puede contener algo que revele lo que realmente es.
Jesús enseñó que podemos conocer a las personas por sus frutos:
“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?”
Mateo 7:16 RVR1960
Pero hay personas que incluso pueden parecer discípulos porque lo que muestran se asemeja a buenos frutos; también pueden hablar palabras que parecen verdaderas, llenas de amor, consejo o esperanza; sin embargo, no siempre podrán ocultar lo que realmente hay en su interior, porque Jesús también dijo:
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.”
Lucas 6:45 RVR1960
En algún momento, lo que verdaderamente hay en el corazón puede terminar manifestándose, por eso, este devocional busca que permanezcas alerta y no entregues nada de ti cuando ya te has dado cuenta de que aquello que tienes delante no es completamente verdadero. La verdad de Dios no es una verdad a medias, y tampoco lo son sus promesas.
Algo parecido le ocurrió a Isaac en Génesis 27.
Jacob, siguiendo la instrucción de su madre Rebeca, se acercó a su padre disfrazado para hacerle creer que era Esaú, su primogénito, y así recibir la bendición destinada a su hermano. Esaú ya había menospreciado su primogenitura y se la había vendido a Jacob; sin embargo, en vez de hablar con sus padres acerca de aquella transacción entre hermanos, Jacob siguió el plan engañoso de su madre.
Rebeca tomó los vestidos de Esaú y se los puso a Jacob. Además, cubrió sus manos y parte de su cuello con pieles de cabritos.
Jacob se presentó entonces delante de Isaac diciendo:
“Yo soy Esaú tu primogénito…”
Génesis 27:19 RVR1960
Pero Isaac tuvo dudas. Su vista ya no le permitía reconocer a sus hijos, así que decidió acercar a Jacob y tocarlo para comprobar si realmente era Esaú. Entonces detectó algo que no coincidía con todo lo demás:
“La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú.”
Génesis 27:22 RVR1960
¡Las manos parecían las de Esaú, pero la voz seguía siendo la de Jacob!
Isaac continuó examinándolo. Jacob llevaba los vestidos de Esaú y, cuando su padre se acercó, incluso percibió el olor de ellos. Todo parecía confirmar la historia que Jacob estaba contando: las manos parecían las de Esaú y los vestidos olían como los suyos, pero la voz no coincidía.
De la misma manera, podemos tener delante personas, oportunidades o situaciones que parecen verdaderas; puertas que parecen abiertas por Dios, oportunidades que parecen venir del cielo o personas que aparentemente Él ha colocado en nuestro camino. Sin embargo, hay algo que nos inquieta, algo que vemos, escuchamos o percibimos que no coincide con todo lo demás. Estemos atentos y llevemos esa inquietud delante de Dios, porque el Espíritu Santo también puede advertirnos de esta manera.
“La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú.”
Hay cosas y personas que se visten de Dios, situaciones que se visten de bondad, amor, oportunidad o bendición. Sus acciones pueden parecer correctas e incluso pueden llevar un aroma que nos resulte familiar; sin embargo, hay algo en ellos, en lo que dicen, en la manera en que viven, en sus frutos o en aquello que el Espíritu Santo nos revela que no va acorde a él, algo que no coincide.
Reflexión
Esto es lo que quiero que hoy medites: no aceptes una verdad, una oportuidad, una alilanza o cualquier otra cosa solamente porque una parte de ella parece verdadera.
No creas que viene de Dios solo porque parece que cumple parte de una promesa que él te hizo. No permitas entrar a tu vida a una persona únicamente porque algunas cosas en ella parecen venir de Dios. No tomes ni entregues algo importante cuando el Espíritu Santo te ha inquietado y te ha permitido ver o escuchar que existe falsedad en aquello o en quien se está acercando a ti.
No te alíes con alguien solamente porque se viste o huele a Dios cuando estás viendo que su voz, sus palabras, su testimonio, sus acciones o sus frutos no coinciden con aquello que aparenta ser.
Isaac tenía delante unas manos que parecían las de Esaú y unos vestidos que olían como los de su primogénito, pero también tenía una voz que le decía que algo no coincidía. No ignores aquello que no encaja simplemente porque todo lo demás parece correcto.
Aprende a identificar los disfraces del enemigo para que no caigas ni cedas ante sus engaños.