La Biblia enseña que el dinero y los bienes no son malos en sí mismos. A lo largo de las Escrituras vemos que Dios bendijo materialmente a hombres y mujeres que le fueron fieles. Abraham, Isaac, Jacob y Job fueron grandemente prosperados, no porque amaran las riquezas, sino porque caminaron en obediencia delante de Dios.
“Y enriqueció Jehová a Abraham en gran manera, y fue engrandecido; y tuvo ganado, y plata, y oro.” Génesis 13:2 (RVR1960)
El problema no está en poseer bienes, sino en permitir que ellos ocupen el lugar que solo le corresponde a Dios. Cuando el corazón se apega al dinero, este se convierte en un amo que domina las decisiones y los afectos.
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe…” 1 Timoteo 6:10 (RVR1960)
Jesús fue claro al enseñar que nadie puede servir a dos señores. Cuando el dinero gobierna el corazón, la devoción a Dios se debilita.
“Ninguno puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Mateo 6:24 (RVR1960)
El peligro aparece cuando el esfuerzo, la pasión y la entrega se concentran en conseguir lo material, pero no se busca a Dios con la misma intensidad. La Escritura nos llama a invertir lo mejor de nuestro corazón en una sola prioridad.
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33 (RVR1960)
Dios no condena el trabajo ni la provisión, pero sí advierte contra un corazón dividido. La verdadera riqueza está en conocerle, amarle y depender de Él por encima de cualquier posesión.
“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Mateo 6:21 (RVR1960)
Buscar a Dios debe ser más intenso, más constante y más apasionado que cualquier otra búsqueda en este mundo, porque solo Él da sentido, dirección y vida eterna.
“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” Jeremías 29:13 (RVR1960)
Oración
Señor, guarda mi corazón de amar más las riquezas que a ti. Enséñame a buscarte con todo mi ser, a confiar en tu provisión y a darte siempre el primer lugar en mi vida. En el nombre de Jesús. Amén.