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Abraham salió obedeciendo a Dios, dejando su tierra y su parentela, pero en un punto del camino tomó una decisión que Dios no le había indicado: ir a Egipto. Y es curioso, porque fue precisamente allí donde se hizo muy rico.


“Abraham subió de Egipto hacia el Neguev, con su mujer y con todo lo que tenía… Abram se había hecho muy rico en ganado, en plata y en oro.” Génesis 13:1-2 RVC


Egipto, en muchos contextos bíblicos, representa el mundo, el lugar donde el hombre se mueve sin dirección de Dios. Y aunque Abraham prosperó allí, eso no significaba que ese fuera su lugar.


No todo lo que produce resultados viene de la voluntad de Dios.


Dios
no le pidió que soltara esas riquezas, pero sí lo llevó de regreso al lugar donde debía estar.


“Volvió por etapas desde el Neguev hasta Betel… al lugar donde antes había levantado el altar.” Génesis 13:3-4 RVC


Y aquí hay algo clave: regresó por etapas. No fue inmediato, no fue fácil, no fue de un momento a otro. Volver le tomó tiempo.


A veces tomamos decisiones sin consultar a Dios, caminos que parecen buenos, productivos, incluso “bendecidos”, pero que nos alejan del lugar correcto. Y aunque Dios en su misericordia nos guarda y aún permite ciertos avances, tarde o temprano tendremos que regresar.


El problema no es solo haberse ido, el problema es que volver cuesta.

  • Cuesta porque ya probaste cosas.
  • Cuesta porque te acostumbraste.
  • Cuesta porque te alejaste más de lo que pensabas.


Pero que cueste no significa que no valga la pena.


Muchos usan el pasaje del joven rico para pensar que el problema son las riquezas, pero Jesús no estaba estableciendo una regla general, estaba tratando con el corazón de ese hombre.


“Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes… luego ven y sígueme.” Mateo 19:21 RVC


El problema nunca ha sido lo que tienes, sino lo que tiene tu corazón. Dios bendice, prospera y da en abundancia, pero también advierte: nada debe ocupar el lugar que solo le pertenece a Él.

 

Reflexiona:


Quizá no estás donde comenzaste con Dios. Quizá te alejaste poco a poco, decisión tras decisión, hasta que hoy sientes que estás muy lejos.


Y sí, volver puede tomar tiempo. Puede doler, puede exigir renuncias, pero seguir avanzando lejos de Dios siempre será más costoso que regresar a Él.


Hoy Dios no te está señalando por haberte ido, te está llamando a volver. No importa qué tan lejos hayas llegado
ni cuánto te tome el regreso, lo importante es que decidas volver al lugar donde comenzaste con Él.

 

Oración


Señor, reconozco que en momentos he tomado caminos sin consultarte.
Hoy decido volver a ti. Dame la fuerza para soltar lo que me aleja y la perseverancia para regresar, aunque sea por etapas. En el nombre de Jesús. Amén