En el capítulo 9 del evangelio según Mateo encontramos la historia de una mujer que llevaba doce años enferma. Humanamente no tenía esperanza, pero tomó una decisión marcada por una fe extraordinaria:
“Porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.” Mateo 9:21 (RVR1960)
Su fe no estaba basada en una experiencia previa ni en una garantía visible. No tenía pruebas de que funcionaría; simplemente creyó. Fue una fe que se adelantó al milagro.
Cuando tocó el borde del manto de Jesús, ocurrió lo imposible:
“Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.” Mateo 9:22 (RVR1960)
Y Lucas nos da más detalles al mencionar lo que había dicho Jesús antes de exponerla:
“Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.” Lucas 8:45-46 RVR1960
Jesús sabía quién lo había tocado. No preguntó por ignorancia, sino para hacer público el testimonio. Él permitió que el milagro quedara registrado delante de todos, mostrando que esa clase de fe le agrada a Dios.
La Escritura declara:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios…” Hebreos 11:6 (RVR1960)
La fe de esta mujer no quedó en secreto. Se convirtió en referencia. Más adelante, en el mismo evangelio (Mateo), vemos el impacto de su testimonio.
Cuando Jesús llegó a la región de Genesaret, sucedió algo notable:
“Y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.” Mateo 14:36 (RVR1960)
Alguien tuvo que contar lo que pasó en el capítulo 9. La noticia viajó. El testimonio corrió de pueblo en pueblo. Y cuando otros oyeron, creyeron. Hicieron lo mismo… y también fueron sanados.
El milagro de una mujer abrió la puerta para la fe de muchos.
Esto nos revela un principio poderoso: Dios no solo obra para bendecirnos a nosotros, sino para que, a través de nuestro testimonio, otros también crean. La fe es personal, pero su impacto es colectivo.
La Biblia nos recuerda:
“Vengan y oigan, todos los que temen a Dios, Y contaré lo que ha hecho a mi alma.” Salmos 66:16 (RVR1960)
Hoy, Dios sigue buscando personas que crean antes de ver, que se atrevan a tocar el “borde del manto” con fe genuina. Pero también busca personas que cuenten lo que Él ha hecho, para que otros puedan acercarse y experimentar su poder transformador.
Tu testimonio puede convertirse en la fe inicial de alguien más.
Oración
Señor, aumenta mi fe para creer sin garantías visibles y dame valentía para contar lo que tú has hecho en mi vida, para que otros también crean y sean transformados. En el nombre de Jesús. Amén.