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“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” — Filipenses 4:6-7 RVR1960


A veces sentimos que las preocupaciones se multiplican sin control, que cada pensamiento nos abruma más y más.
Charles Spurgeon lo explica claramente:


“Ser indulgente con este hábito de inquietarse y ponerse ansioso conduce a que domine tu vida haciéndola indigna de vivirse.”


La ansiedad y los pensamientos negativos llenan nuestra mente, como un lente que se empaña si seguimos respirando sobre él. Pero la oración y la presencia de Dios actúan como líquido y toalla que limpian, restaurando claridad, paz y enfoque.


1. Llena tu mente de lo bueno


Ayer escuche a un pastor decir en un video de una prédica:


“No podemos sacar pensamientos malos… La renovación de tu mente funciona cuando llenas tu mente de tantos pensamientos buenos que no hay espacio para más.”


Llena tu mente con la Palabra de Dios, gratitud y oración.


No se trata de no tener malos pensamientos, sino de ocupar tu mente con lo que edifica.


“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable… en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.” — Filipenses 4:8-9 RVR1960


Cuando enfocas tus pensamientos en lo que edifica, la presencia de Dios se manifiesta, y tu corazón se llena de paz y fortaleza.


2. Vive en obediencia y gratitud


Cada prueba, cada momento difícil, es una oportunidad para fortalecer tu mente y tu fe.


"Hoy una gran amiga durante las sesiones de entrenamiento en el gimnasio me decía algo que escuchó, y era que, para lograr no pensar en el dolor y llenarse de ansiedad mientras termina una serie de ejercicio (en especial los isométricos que requieren de tiempo) enfoca su mente en agradecer, en orar, y así ocupa su mente en cosas que le traen paz y fortaleza a su interior, en lugar de dejar que el dolor o la ansiedad se apoderen de ella. Así convierte un momento de esfuerzo físico en una oportunidad de crecer también espiritualmente y evita que lo externo interfiera en su enfoque."


Y así es nuestra vida cuando llegan los momentos de pruebas, muchas veces nos enfocamos demasiado en la dificultad, el sufrimiento, la aflicción y en preguntarnos cuándo acabará, llenándonos de ansiedad, eso hace que el tiempo parezca eterno y la carga aún más pesada. No solemos enfocarnos en lo que debemos hacer, cambiar o mejorar para pasar esta prueba, pero cuando aprendemos a cambiar la mirada, a ocupar nuestra mente en la gratitud, en la oración y en lo que Dios quiere enseñarnos, la prueba se convierte en un proceso de transformación.


Así como en el gimnasio, esa amiga convierte el dolor de un ejercicio en enfoque y agradecimiento, tú puedes transformar la ansiedad en crecimiento espiritual.

  • Piensa en lo bueno → tu corazón se llena de fe y gratitud
  • Vive en obediencia → tu mente se renueva
  • Resultado → la paz de Dios habita contigo y fortalece tu interior


No se trata de cuánto durará la prueba, sino de cuánto crecerás mientras caminas en ella.


Hoy Dios te invita a cambiar la mirada, a ocupar tu mente con oración, gratitud y su Palabra, y así dejar que su paz fortalezca tu corazón.

 


Oración


Señor, renueva mi mente y fortalece mi corazón. Ayúdame a llenar mis pensamientos de tu Palabra, gratitud y fe, para que la ansiedad no domine mi vida.

Que tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarde mi mente y mi corazón, y me fortalezca en cada prueba. En el nombre de Jesús, amén.