“Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.” Juan 11:43–44 (RVR1960)
Muchas veces callamos el mensaje de Dios porque pensamos que el corazón de otros está demasiado duro. Decimos: “no me va a escuchar”, “ya intenté”, “está muy lejos”. Pero olvidamos una verdad poderosa: Lázaro estaba muerto. No distraído, no confundido, no cerrado… muerto. Y aun así, cuando Jesús habló, la muerte no pudo resistir Su voz. El poder no estaba en Lázaro para oír, sino en Jesús para hablar. Y hoy, ese mismo Jesús sigue hablando… muchas veces a través de tus labios.
La fe que Dios nos pide
Dios no nos llama a convencer, sino a obedecer. No nos pide que resucitemos corazones, sino que anunciemos Su Palabra.
“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía.” Isaías 55:11 (RVR1960)
Cuando compartes a Cristo, no hablas solo. El Espíritu Santo obra donde tus palabras no alcanzan.
“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” Juan 16:8 (RVR1960)
¿Y si el corazón está muerto?
La Biblia es clara:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” Efesios 2:1 (RVR1960)
Si Dios pudo levantarte a ti, también puede levantar a otros. No subestimes el poder de una palabra hablada en obediencia.
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz.” Hebreos 4:12 (RVR1960)
Llamado
- Confía.
- Habla.
- Ve y predica.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones.” Mateo 28:19 (RVR1960)
Tal vez hoy no veas el milagro, pero cada vez que Jesús habla, algo se mueve, aun en lo que parece muerto.
Oración
Señor, perdóname cuando dudo de Tu poder. Ayúdame a confiar en que tu voz sigue resucitando corazones. Dame valentía para hablar, fe para obedecer y amor para predicar. En el nombre de Jesús. Amén.