Hay temporadas en la vida donde no puedes tenerlo todo en equilibrio, y eso no significa que estés mal, significa que estás enfocado.
Hoy muchos viven frustrados porque quieren avanzar en todo al mismo tiempo: crecer espiritualmente, mejorar su salud, tener estabilidad económica, dedicar tiempo a su familia, emprender, estudiar. Todo a la vez. Pero la realidad es que cuando intentas abarcarlo todo, terminas sin avanzar en nada.
Hay procesos que demandan enfoque total.
Como quien se prepara, estudia o atraviesa una etapa exigente, donde no hay tiempo para todo lo demás. No porque no sea importante, sino porque hay algo que en ese momento es prioridad.
El problema no es la falta de tiempo, es la falta de enfoque.
Muchos quieren resultados grandes, pero viven dispersos. Tocan muchas cosas, pero no profundizan en ninguna. Y como resultado, se vuelven “buenos” en muchas áreas, pero no excelentes en ninguna.
Y eso también pasa en lo espiritual. Queremos crecer en Dios, pero estamos distraídos. Queremos avanzar, pero no nos concentramos. Queremos frutos, pero no permanecemos.
Por eso la Biblia nos muestra un principio poderoso cuando los apóstoles entendieron que no podían hacerlo todo:
“No es correcto que nosotros descuidemos la enseñanza de la palabra de Dios por estar administrando la ayuda diaria… Así podremos dedicar nuestro tiempo a orar y a enseñar la palabra de Dios” Hechos 6:2-4, PDT.
Ellos no despreciaron otras tareas, pero entendieron que si no se enfocaban en lo que Dios les había asignado, perderían el propósito.
Y es ahí donde Dios hoy te confronta y te llama a volver al orden correcto.
Tal vez has estado queriendo hacer demasiado, cargando cosas que no te corresponden, sin delegar, sin soltar, sin confiar. O tal vez estás desenfocado, invirtiendo tiempo en lo que no edifica, mientras descuidas lo que sí te fue encomendado.
Ten en cuenta esto:
- Volver a Dios también es volver al enfoque.
- Volver a lo que Él te llamó a hacer.
- Volver a priorizar lo eterno sobre lo urgente.
Porque cuando no sueltas lo que no te corresponde, te estancas. Y cuando no te enfocas, te desgastas.
Dios no te llamó a hacerlo todo, te llamó a ser fiel en lo que te asignó.
“Cada vez que encuentres un trabajo que hacer, hazlo lo mejor que puedas” Eclesiastés 9:10, PDT
“Todo lo que hagan, háganlo de buena gana, como si estuvieran sirviendo al Señor y no a los hombres” Colosenses 3:23, DHH94I
El enfoque no solo define tu productividad, define tu crecimiento, tu propósito y tu destino.
Oración
Señor, ayúdame a enfocarme en lo que realmente importa. Perdóname por distraerme, por querer hacerlo todo y descuidar lo que tú me has llamado a hacer.
Dame claridad para priorizar, sabiduría para delegar y disciplina para permanecer.
Que mi vida esté alineada a tu propósito y no a mis distracciones. En el nombre de Jesús. Amén.