Los científicos han documentado algo inquietante en la naturaleza: ciertos animales de sangre fría, cuando son colocados en agua que se calienta muy lentamente, no perciben el peligro. El cambio es tan gradual, tan sutil, que el cuerpo se adapta sin emitir ninguna alarma. Para cuando el calor se vuelve mortal, ya es demasiado tarde. No fue un golpe repentino lo que los venció. Fue la comodidad del proceso lento.
Algo muy parecido nos pasa a nosotros como creyentes.
Nadie se aleja de Dios de un día para otro. Nadie decide de golpe que el pecado ya no importa. Lo que ocurre es más silencioso: una omisión aquí, una tolerancia allá, una pequeña justificación que se repite hasta volverse costumbre. Y así, sin darnos cuenta, lo que antes nos dolía la conciencia hoy ya no nos dice nada.
"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad."Filipenses 4:8 — RVR1960
Palabras que antes no hubiéramos permitido en nuestra boca hoy salen sin filtro. Contenidos que antes no habríamos consumido hoy los vemos sin pestañear. Silencios en la oración que antes nos angustiaban hoy simplemente forman parte de la rutina. La temperatura sube despacio, y nosotros seguimos ahí, cómodos, sin notar que el agua está hirviendo.
El mundo de hoy tiene una habilidad especial para redefinir los límites. Lo que antes era pecado hoy le llaman "decisión personal". Y en medio de esa narrativa, si no tenemos un punto de referencia firme, terminamos navegando sin brújula.
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra." 2 Timoteo 3:16-17 — RVR1960
La Palabra de Dios no es un libro de consulta ocasional. Es el termómetro que nos dice cuándo el agua está subiendo de temperatura. Es la voz que nos avisa antes de que el daño sea irreversible. Pero para que cumpla esa función, hay que abrirla, hay que leerla, hay que dejar que hable aunque incomode.
¿Hay algo en tu vida que antes te incomodaba espiritualmente y hoy ya no te dice nada? Esa insensibilidad no llegó de golpe. Se fue instalando despacio, con cada pequeña concesión.
Hoy Dios te llama a despertar, a saltar del agua antes de que sea demasiado tarde. No porque seas malo, sino porque Él te ama demasiado como para dejarte dormir en lo que te destruye. Vuelve a su Palabra. Vuelve a la oración. Vuelve a sentir lo que Él siente sobre tu vida.
Oración
Señor, perdóname por las veces que me acostumbré a lo que tú nunca aprobaste. Afina mi espíritu para reconocer el peligro aunque llegue despacio. Que tu Palabra sea siempre la voz que me despierte y el camino que me guíe. En el nombre de Jesús, amén.