“...Padre nuestro que estás en el cielo…” Mateo 6:9
Hay algo profundamente transformador en poder llamar a DiosPadre. No es una frase religiosa, es una identidad. Pero la pregunta es inevitable:
¿Realmente estás viviendo como hijo o solo lo estás diciendo?
Antes estábamos lejos. Sin relación con Dios, perdidos en el pecado y separados de su presencia.
Y aun así…
- Dios te quiso.
- Dios te escogió.
- Dios te adoptó.
No fue casualidad, fue una decisión eterna.
“...nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo...” — Efesios 1:5 RVR1960
Él pagó el precio más alto: la sangre de su Hijo, Jesús, para traerte de vuelta a casa. Hoy no eres un extraño, no eres alguien rechazado. Eres hijo y eso lo cambia todo, y no solo hijo si no también heredero.
“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…” — Romanos 8:17 RVR1960
Esto significa que ahora tienes acceso a:
- Su amor
- Sus promesas
- Su reino
- Su vida eterna.
Una herencia que no merecías pero que recibiste por gracia.
Y aún más, eres también coheredero con Cristo. Todo lo que Él ganó ahora también te alcanza a ti.
Pero aquí es donde muchos se detienen: Quieren la herencia sin la transformación.
“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera.” — Romanos 6:1-2 RVR1960
"La gracia no es un permiso para pecar, sino la fuerza para vencer el pecado"
Ser hijo no es una excusa para seguir igual más bien es una responsabilidad de vivir diferente. Porque si ahora perteneces a su familia tu vida debería reflejar:
- Su carácter
- Su obediencia
- Su forma de amar
- Su manera de vivir
No se trata de perfección pero sí de dirección. Porque alguien que ha sido adoptado por Dios no puede seguir viviendo como si aún estuviera lejos.
Hoy Dios no solo quiere recordarte quién eres, Él quiere que vuelvas a vivir conforme a esa identidad, que dejes atrás lo que no representa a su familia, que sueltes lo que contradice lo que Él ya hizo en ti. Porque ser hijo no es solo un privilegio, es un llamado a reflejar al Padre.
Oración
Señor, gracias por adoptarme como tu hijo, aun cuando no lo merecía. Perdóname si he vivido de una manera que no refleja quién soy en ti. Hoy decido volver a tu voluntad y caminar como alguien que realmente te pertenece. Forma en mí tu carácter y enséñame a vivir conforme a tu verdad. En el nombre de Jesús, amén.