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A veces nos preocupamos y nos llenamos de ansiedad por las cosas que queremos hacer, lograr o tener, que perdemos de vista las bendiciones que Dios ya nos ha entregado y permitido vivir.


La Palabra nos recuerda:


“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Filipenses 4:6


Sucede cuando tienes un trabajo estable y un sueldo que te permite sostener tu vida día a día, pero aun así vives afanado pensando en lo material. Sin darte cuenta, dejas de valorar lo que ya tienes: la salud, el alimento, el sustento, la posibilidad de pagar tus facturas, tu familia, tu esposa, tus hijos. Entonces comienzas a enfocarte en lo que aún no tienes, cayendo en la queja, la ansiedad y la preocupación.


“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento." 1 Timoteo 6:6


El contentamiento no es conformismo, es paz interior mientras Dios sigue obrando.


No está mal querer crecer ni tener metas; el problema nace en cómo lo guardamos en el corazón. Cuando el deseo se vuelve presión, terminamos creyendo que debemos trabajar más, correr más y sacrificar lo verdaderamente valioso: la familia, las relaciones y, sobre todo, nuestra relación con Dios. Incluso cuando seguimos orando, nuestras peticiones pueden dejar de alinearse con su voluntad, y comenzamos a pensar que Dios debe cumplir nuestros planes, como si los nuestros fueran mejores que los suyos.


“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33


Cuando el orden se altera, la paz desaparece, pero cuando Dios ocupa el primer lugar, lo demás encuentra su lugar correcto.


Incluso nuestras oraciones pueden desviarse si no están alineadas a su voluntad.


“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” Santiago 4:3


Disfrutar las pequeñas victorias es un acto de fe y gratitud. Es reconocer que Dios ya está obrando, que su provisión no siempre llega en grandes momentos visibles, sino también en lo cotidiano: en un día más de vida, en el pan sobre la mesa, en un abrazo familiar, en la paz que Él nos da.


“Las misericordias de Jehová son nuevas cada mañana; grande es tu fidelidad.” Lamentaciones 3:22-23


Cada día trae provisión. Cada jornada trae gracia. Cada temporada trae propósito.


Hoy, antes de correr detrás de lo que aún falta, detente y agradece por lo que ya tienes. Porque un corazón agradecido no deja de crecer, pero aprende a caminar en paz mientras Dios cumple su propósito a su tiempo



Oración 


Señor, gracias por lo que ya me has dado. Perdóname cuando me afano por lo que aún no tengo y olvido tus bendiciones diarias. Enséñame a vivir en contentamiento, a buscar primero tu reino y a confiar en que tú sigues obrando en mi vida. Dame un corazón agradecido y paz mientras espero en tu perfecta voluntad. En el nombre de Jesús. Amén