Conocer las promesas de Dios, los mandatos e instrucciones que nos enseñan cómo cumplir con sus leyes, mandatos y estatutos para lograr alcanzar las promesas de Dios, no determina que se cumplirán.
Tenemos que entender y aprender cómo hacer de nuestra vida un santuario para Dios, un lugar donde Él pueda habitar.
“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.” Éxodo 25:8 (RVR1960)
Solo cuando Dios habita en nosotros podemos entender su dirección y caminar en su propósito.
Israel conoció, entendió y vio a Dios mismo manifestarse en forma de nube, rayos, truenos y fuego. Sin embargo, aun viendo su poder, su corazón se desvió hacia otros ídolos.
Esto nos deja una enseñanza muy clara:
Conocer es bueno y necesario, pero aplicar es vital e indispensable para que las promesas se cumplan.
“Puedes alimentarte de la palabra, pero si tu vida no agrada a Dios, el conocimiento por sí solo no te llevará a la promesa”. - Dilo de parte de Dios
Muchas veces buscamos aprender más, escuchar más enseñanzas y adquirir más conocimiento. Pero cuando la palabra de Dios nos confronta, nos reta o nos incomoda, porque nos saca de nuestra zona de confort, preferimos evitarla en lugar de aplicarla.
¿Por qué sucede esto?
Porque aplicar siempre requiere más sacrificio, más disciplina y más esfuerzo que simplemente conocer.
Por eso Dios no solo nos llama a escuchar su palabra, sino a obedecerla.
“Obedézcanme y cumplan con todos mis mandamientos; entonces ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Así cumpliré el juramento que hice a sus antepasados de darles una tierra donde abundan la leche y la miel, la cual ustedes tienen hoy.” Jeremías 11:4-5 (NVI)
Oración
Señor, ayúdame a no ser solo alguien que conoce tu palabra, sino alguien que la vive. Dame un corazón dispuesto a obedecer, incluso cuando tus instrucciones me confronten o me saquen de mi comodidad. Enséñame a aplicar lo que me has enseñado, para que mi vida sea un santuario donde tu presencia habite. Ayúdame a obedecer tus instrucciones para alcanzar tus promesas. En el nombre de Jesús. Amén.