“Cristo hizo suyos nuestros pecados, y por eso murió en la cruz… Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados.” 1 Pedro 2:24 TLA
Hay algo profundamente injusto, pero a la vez profundamente amoroso: Jesús arregló lo que Él no dañó.
Tú y yo pecamos. Nosotros fallamos. Nosotros nos ensuciamos. Y aun así, Él decidió cargar con todo eso como si fuera suyo.
Porque la verdad es clara:
“Solo el que peque merece la muerte…” Ezequiel 18:20 RVC
El pecado no es algo pequeño. Es como revolcarse en el lodo y luego pretender estar limpios delante de un Dios perfecto.
“El perro vuelve a su vómito… el cerdo recién bañado vuelve a revolcarse en el lodo.” 2 Pedro 2:20-22 TLA
Y ahí está nuestra condición: sucios, incapaces de limpiarnos por nosotros mismos.
Pero entonces aparece Jesús; Él no se ensució por decisión propia, sino por amor. Se acercó, nos abrazó y comenzó a cargar nuestra suciedad.
Mientras nosotros éramos limpiados, Él se iba ensuciando, no porque pecó, sino porque tomó nuestro pecado.
“Cristo nunca pecó. Pero Dios lo trató como si hubiera pecado, para declararnos inocentes por medio de Cristo.” 2 Corintios 5:21 TLA
Lo que era nuestro, pasó a ser de Él. Y lo que era de Él, su justicia, ahora es nuestro.
Por eso hoy podemos tener paz con Dios:
“Ya que fuimos hechos justos… tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo hizo por nosotros.” Romanos 5:1-2 NTV
Jesús no solo cargó tu pecado, también cargó el dolor que ese pecado dejó en tu vida.
- Vino a sanar lo que Él no rompió
- A restaurar lo que Él no destruyó
- A ordenar lo que Él no desordenó
“Cristo sufrió por los pecadores… para llevarlos a salvo con Dios.” 1 Pedro 3:18 NTV
Pero ese precio fue real, tan real, que en la cruz experimentó el peso de estar cargando nuestro pecado:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Mateo 27:46 DHH94I
No fue falta de amor del Padre, fue el peso de nuestra suciedad sobre Él.
Porque solo a través de Jesús podemos acercarnos a Dios:
“Yo soy el camino… nadie viene al Padre sino por mí.” Juan 14:6 RVC
Y en Él ahora tenemos perdón y aceptación:
“En él tenemos la redención… el perdón de los pecados.” Efesios 1:6-7 RVC
Reflexionemos en esto:
Jesús no solo pagó por nuestro pecado, también vino a restaurar lo que ese pecado destruyó. Sin embargo, muchos siguen viviendo rotos, heridos y cargados, como si aún no hubieran sido tocados por su gracia.
Hoy Dios te confronta:
¿Vas a seguir viviendo desde tus heridas, o vas a permitir que aquel que no las causó, las sane por completo?
Hoy es el día para dejar de cargar lo que no te corresponde. Entrégale tu pecado, tu dolor, tu pasado, y permite que aquel que ya pagó por ti, también sane lo que hay dentro de ti.
Oración
Jesús, gracias por cargar lo que yo no podía. Hoy te entrego mi pecado, mis heridas y mi vida. Límpiame, sáname y enséñame a vivir en la libertad que tú compraste para mí. En el nombre de Jesús. Amén.