Atrás

 

Muchos hemos orado "Señor, ayúdame" y luego no movimos ni un solo paso.


Hay una oración que muchos hemos hecho al menos una vez: "Señor, ayúdame". Pero luego nos quedamos exactamente donde estamos, esperando que algo cambie sin mover un solo paso. Le pedimos a Dios que nos ayude en el examen, pero no repasamos los apuntes o abrimos los libros. Le pedimos paz, pero seguimos esperando que sea la otra persona quien dé el primer paso. Le pedimos que quite de nuestra mente pensamientos que no le agradan, pero seguimos alimentando esa misma mente con lo que la ensucia. Le pedimos que nos use, pero no practicamos, no nos preparamos, no nos esforzamos.


Sin darnos cuenta, hemos confundido la fe con la pasividad.


Y en todo eso, sin darnos cuenta, hemos confundido la fe con la pasividad.


La fe bíblica no es sentarse a esperar. Es moverse confiando en aquel que prometió.


Cuando Dios le habló a Israel antes de entrar a la tierra prometida, no les dijo: "Quédense quietos, yo lo haré todo." Les dijo algo mucho más desafiante:


"Mira, el Señor tu Dios te ha entregado la tierra. Sube y toma posesión de ella como el Señor, el Dios de tus antepasados, te lo ha prometido. No tengas miedo ni te desanimes." 
Deuteronomio 1:21 NVI


La promesa era real pero tenían que levantarse y caminar hacia ella.


La tierra ya era de ellos. Dios no prometió llevarlos en brazos; prometió ir con ellos. Esa es la diferencia que cambia todo.


Cuando confías de verdad en que Dios cumple su palabra, te mueves.


La fe activa no reemplaza la gracia de Dios. Al contrario, es la respuesta natural de quien realmente cree en ella. Cuando confías de verdad en que Dios cumple su palabra, te mueves. No porque el resultado dependa de ti, sino porque tu movimiento es evidencia de que crees en quien te llamó.


Por eso Josué recibió estas palabras justo antes de cruzar el Jordán:


"Sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas."
  Josué 1:9 NVI


La valentía no es ausencia de miedo, sino decidir avanzar a pesar de él, 
porque la confianza en Dios es más grande que la incertidumbre del camino.


Dios ya hizo su parte. Estudiar, desarrollar, renovar, dar el primer paso esa es la tuya.


Dios te ha dado inteligencia pero estudiar es tu parte. Te ha dado dones pero desarrollarlos es tu parte. Te ha dado la capacidad de renovar tu mente pero alejarte de lo que la contamina también es tu parte. Te ha dado el deseo de reconciliarte pero el primer paso puede ser tuyo.


La promesa siempre ha estado frente a ti. Solo te separa de ella el creerle lo suficiente a Dios como para moverte.

 

REFLEXIONA

¿En qué área de tu vida has estado esperando pasivamente algo que Dios ya puso en tus manos para que lo alcances?

 

ORACIÓN

Señor, perdóname por las veces que confundí esperar en ti con no hacer nada. Hoy decido creer de verdad en tu palabra; no solo con mis labios, sino con mis pasos. Dame la valentía de moverme hacia lo que tú ya has prometido, confiando en que irás conmigo en cada paso. En el nombre de Jesús. Amén.