“El Señor se le apareció (a Salomón) por segunda vez… y le dijo: He oído la oración y la súplica que me has hecho.” — 1 Reyes 9:2-3 RVR1960
A veces pensamos que lo mejor que vivimos con Dios ya pasó. Que esas experiencias profundas fueron únicas e irrepetibles. Pero este pasaje nos muestra algo poderoso:
Dios no solo se revela una vez, Él vuelve a hacerlo.
Salomón ya había tenido un encuentro con Dios en Gabaón y aun así, Dios se le aparece otra vez.
¿Por qué?
- Porque Dios no se olvida
- Porque Él sigue escuchando
- Porque Él sigue respondiendo
Charles Spurgeon lo dijo así:
“Necesitamos manifestaciones frescas y visitaciones nuevas de lo alto.”
No importa cuánto hayas vivido con Dios, siempre hay más.
El error que muchos cometen
Vivir del recuerdo, recordar lo que Dios hizo, pero dejar de esperar lo que quiere hacer ahora.
La Biblia nos muestra hombres que, aun con una relación profunda con Dios, seguían anhelando más:
- Moisés:
“Te ruego que me muestres tu gloria.” — Éxodo 33:18 RVR1960
- David:
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio…” — Salmos 51:10 RVR1960
- Pablo:
“A fin de conocerle…” — Filipenses 3:10 RVR1960
Ellos no se conformaron sino que abrieron su corazón a lo nuevo.
¿Estás viviendo de lo que Dios hizo o estás esperando lo que Dios quiere hacer?. Porque Dios no es un recuerdo, Él es un Dios vivo.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” Lamentaciones 3:22-23 RVR1960
“La gloria postrera… será mayor que la primera.” — Hageo 2:9 RVR1960
Su presencia no se quedó en el pasado, su voz no se apagó, su poder no se terminó. Esto significa que lo que viene puede ser mayor que lo que ya viviste.
Pero hay una condición: abrir tu corazón.
Soltar la nostalgia espiritual y volver a tener hambre de Dios.
Hoy Dios quiere hablarte otra vez, quiere renovarte, afirmarte y sorprenderte. No desprecies lo que ya hizo pero tampoco te quedes ahí. Agradece por lo que viviste pero prepárate para lo que viene.
Oración
Señor, gracias por todo lo que ya has hecho en mi vida. Hoy abro mi corazón a lo nuevo que quieres hacer en mí. Renueva mi fe, despierta mi hambre por tu presencia y ayúdame a no vivir solo del pasado. Quiero escucharte otra vez, sentirte otra vez y caminar contigo cada día. En el nombre de Jesús, amén.