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A lo largo de la historia, muchas personas han confundido la paciencia de Dios con su aprobación. Al ver que otros prosperan en planes alejados de la voluntad divina, se llega a pensar que Dios está con ellos, que les agrada lo que hacen o que incluso respalda sus decisiones. Sin embargo, que Dios permita algo, aun cuando lleve al logro de una meta humana, NO significa que Él esté complacido ni presente en ese camino.


La Escritura nos muestra el caso de Caín. Después de asesinar a su hermano Abel, Dios lo protegió para que nadie lo matara. Esta muestra de misericordia fue malinterpretada por Lamec (uno de sus descendientes), quien asumió que si Dios protegió a Caín después de su pecado, entonces Dios estaba de acuerdo con su conducta. Pero la protección no fue aprobación; fue misericordia.


“Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.” Génesis 4:7 (RVR1960)


Así ocurre también hoy. Cuando vemos que personas con acciones injustas o motivaciones incorrectas prosperan, corremos el riesgo de pensar que Dios las está bendiciendo. Pero la Palabra es clara: “todo lo que el hombre siembra, eso también cosechará”.


Lamec dijo a sus mujeres Ada y Zila: «¡Escuchen bien, mujeres de Lamec! ¡Escuchen mis palabras! Maté a un hombre por haberme agredido y a un muchacho por golpearme. Si Caín será vengado siete veces, setenta y siete veces será vengado Lamec».” ‭‭Génesis‬ ‭4‬:‭23‬-‭24‬ ‭NVI‬‬


“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Gálatas 6:7 (RVR1960)


La aparente prosperidad del impío no es señal de comunión con Dios, sino evidencia de su paciencia y misericordia. El juicio de Dios llega a su tiempo, y todos daremos cuenta de nuestras obras.


Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” 2 Corintios 5:10 (RVR1960)


Por otro lado, no debemos caer en el error opuesto: pensar que cuando alguien que ama a Dios atraviesa enfermedad, pérdida o dificultad, es porque ha pecado o porque Dios está enojado con él. El caso de Job nos enseña que el sufrimiento no siempre es castigo, sino muchas veces proceso, formación y revelación del carácter de Dios.


“En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.” Job 1:22 (RVR1960)


Jesús mismo nos advirtió que la aflicción es parte de la vida, aun estando unidos a Él. La relación con Dios no se mide por lo que tenemos ni por lo que nos sucede, sino por nuestra permanencia en Él.


“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 (RVR1960)


Por eso, no midamos la aprobación de Dios por la prosperidad visible ni su desagrado por la dificultad presente. Podríamos estar profundamente equivocados.

 

Oración 


Señor, guarda nuestro corazón de juicios apresurados y de medir tu voluntad con ojos humanos. Enséñanos a confiar en ti aun cuando no entendemos los procesos, y a permanecer firmes, sabiendo que tu justicia y tu verdad siempre prevalecen. En el nombre de Jesús. Amén.