“Cristo nos rescató de la maldición de la Ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: ‘Maldito todo el que es colgado de un madero’.” Gálatas 3:13 NVI
Desde el principio, el pecado trajo maldición sobre la humanidad.
En el huerto, la serpiente fue maldecida por haber sido instrumento del engaño:
“Maldita seas… mientras tengas vida, te arrastrarás… pondré enemistad entre tus descendientes y los de la mujer. Un hijo suyo te aplastará la cabeza…” Génesis 3:14-15 TLA
La desobediencia siempre trae consecuencias. Cuando el pueblo de Israel se quejó contra Dios, el Señor permitió serpientes como juicio sobre ellos. Porque aunque Dios es amor, también corrige:
“Porque el SEÑOR disciplina al que ama, como un papá al hijo que quiere.” Proverbios 3:12 PDT
Pero aún en medio del juicio, Dios mostró su misericordia dando una salida. Le dijo a Moisés:
“Hazte una serpiente y ponla en un asta [madero]. Todos los que sean mordidos y la miren, vivirán.” Números 21:8-9 NVI
Aquella serpiente de bronce levantada en un madero era una señal profética. Representaba algo mucho más grande que estaba por venir.
La serpiente simbolizaba la maldición; el madero, el lugar donde esa maldición era expuesta.
Y siglos después, Jesús tomó ese lugar.
Él, siendo santo, se hizo maldición. Cargó el pecado que no era suyo. Fue levantado en un madero, no por sus errores, sino por los nuestros.
Así como los israelitas tenían que mirar la serpiente para vivir, hoy nosotros somos llamados a mirar a Jesús para ser salvos:
“Mantengamos fija la mirada en Jesús… Él soportó la cruz…” Hebreos 12:2 NBV
Y esa mirada no es física, es una decisión del corazón:
“Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón… serás salvo.” Romanos 10:9 RVR1960
Reflexionemos acerca de esto:
Jesús se hizo maldito por ti y por mí, pero muchos siguen viviendo como si aún estuvieran condenados. Siguen cargando culpa, pecado, dolor y cadenas que ya fueron clavadas en la cruz. Siguen viviendo para ellos mismos, en vez de vivir agradecidos con aquel que pagó la condena que ellos debían.
Hoy Dios te confronta:
¿Dónde tienes puesta tu mirada, en tu pasado o en aquel que ya pagó por él?
Hoy es el día para dejar de mirar tu pecado y comenzar a mirar a Cristo. Vuelve a Él, fija tu vida en Él, cree en su sacrificio y recibe la libertad que ya fue comprada para ti.
Oración
Señor Jesús, hoy reconozco que llevaste mi pecado y mi maldición en la cruz. Decido mirarte a ti, creer en ti y rendirte mi vida. Límpiame, sálvame y enséñame a vivir en la libertad que tú ya me diste. En el nombre de Jesús Amén.