Hay decisiones que parecen pequeñas, pero tienen el poder de cambiar el rumbo de una vida, e incluso de una generación.
Eso fue lo que hizo Esaú. Un día llegó del campo con mucha hambre y vio que su hermano Jacob había preparado un guiso de lentejas. En ese momento, su necesidad era real. Tenía hambre y quería comer de inmediato, pero la solución que escogió fue mucho más costosa de lo que imaginaba.
La Escritura dice: “Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?” Génesis 25:32 RVR1960
A los ojos de Esaú, la primogenitura no tenía ningún valor, porque no le resolvía el problema que tenía en ese instante. Y ahí estuvo su error. Confundió lo que no era útil en ese momento con algo que no tenía valor.
La primogenitura no calmaba su hambre aquel día, pero más adelante le otorgaría autoridad, honra, liderazgo y una herencia abundante. Era una bendición que no solo impactaría su vida, sino también la de las generaciones que vendrían después de él. Sin embargo, decidió cambiar todo eso por algo que solo lo satisfaría durante unas horas.
Por eso la Biblia concluye: “Así menospreció Esaú la primogenitura.” Génesis 25:34 RVR1960
Muchas veces nosotros hacemos lo mismo:
- Menospreciamos la comunión con Dios porque hoy no vemos un resultado inmediato.
- Descuidamos nuestro carácter porque parece más fácil seguir nuestros impulsos.
- Abandonamos procesos, estudios, ministerios, relaciones sanas o llamados de Dios porque, por el momento, no producen el beneficio que esperábamos.
Y terminamos cambiando lo eterno por lo urgente.
Jesús nos enseñó una perspectiva completamente distinta cuando dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra… sino haceos tesoros en el cielo.” Mateo 6:19-20 RVR1960
Dios siempre nos invita a mirar más allá del presente. Porque muchas de las bendiciones más grandes comienzan siendo semillas, pequeñas, silenciosas, poco visibles, Pero con el tiempo producen una cosecha que supera todo sacrificio.
La Palabra también dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” Gálatas 6:9 RVR1960
El problema es que vivimos en una cultura que quiere cambiar el "a su tiempo" por el "ahora mismo". Y cuando algo no satisface una necesidad inmediata, pensamos que no vale la pena conservarlo, pero Dios no mide el valor de las cosas por su utilidad presente, sino por el propósito eterno que tienen.
Reflexión
¿Qué estás menospreciando porque hoy todavía no ves su valor? ¿Hay algún proceso, llamado, relación, enseñanza o promesa de Dios que has dejado de cuidar porque no produce resultados inmediatos?
No cambies aquello que puede sostener tu futuro por algo que solo satisface una necesidad pasajera, porque que algo no te sea útil hoy, no significa que no sea invaluable mañana.
Oración
Señor, dame sabiduría para valorar aquello que tú has puesto en mis manos, aunque hoy todavía no vea todo su propósito. Líbrame de tomar decisiones impulsadas únicamente por mis necesidades inmediatas y enséñame a vivir con la mirada puesta en lo eterno. Ayúdame a no cambiar tus promesas por satisfacciones pasajeras y a cuidar aquello que un día traerá bendición para mi vida y para las generaciones que vienen detrás de mí. En el nombre de Jesús, amén.