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A veces llegamos ante Dios con una ofrenda que se ve impresionante. Presentamos oraciones elocuentes, servicios agotadores y una vida espiritual que parece tener mucho “volumen”. Pero en la quietud del altar, Dios no busca volumen; Dios busca sustancia.


En la ley dada a Israel, Dios estableció un principio curioso:


“No ofrecerán al SEÑOR nada que tenga levadura, ni quemarán levadura ni miel como ofrendas de comida para el SEÑOR.” Levítico 2:11 PDT


La levadura no era mala para el pan común. El problema era lo que representaba en el sacrificio: inflar algo para que parezca más grande de lo que realmente es.


Hoy eso también puede ocurrir en nuestra vida espiritual.


A veces tratamos de impresionar a Dios con una espiritualidad inflada: palabras bonitas, apariencia de santidad o una “dulzura” religiosa que intenta ocultar un corazón no rendido. Pero Jesús mismo advirtió:


“Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” Lucas 12:1, NVI.


Dios no se impresiona con lo que aparenta crecer. Él mira lo que es real.


Por eso el apóstol Pablo exhorta:


“Celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” 1 Corintios 5:8, RVR1960.


Dios prefiere un corazón sencillo, aunque sea pequeño, antes que una religión inflada por el ego.


El fuego del altar siempre hace lo mismo: consume el aire y deja solo la verdad.


Hoy Dios nos hace una pregunta muy profunda:


Si quitara todo reconocimiento, toda apariencia y todo aplauso de tu ofrenda… ¿qué quedaría realmente en el plato?


Es momento de dejar de intentar decorar nuestra vida espiritual para que parezca más atractiva. Dios no puede bendecir una versión de ti que no existe.


Vuelve a la sencillez del grano. Regresa a la oración honesta, aunque sea corta; al servicio anónimo, aunque nadie lo aplauda; y a la confesión sincera, aunque duela.


Quita la levadura del “qué dirán” y permite que tu relación con Dios sea sólida, real y sin aire.


Dios no rechaza tu pequeñez. Lo que Dios rechaza es la altivez.

 

 

Oración


Señor, hoy rindo mi necesidad de aparentar espiritualidad y elijo la libertad de ser honesto contigo. Limpia mi corazón de toda levadura de orgullo, hipocresía y apariencia. No quiero ofrecerte nada que no sea verdadero. Recíbeme en mi sencillez y haz que mi vida sea una ofrenda pura y sincera delante de ti. En el Nombre de Jesús.  Amén.