Atrás

 

Hay cosas y personas en tu vida que no llegaron por mérito, llegaron por gracia.


Tu salud, tu familia, tu pareja, tus hijos, tu trabajo, lo que tienes, muchas de esas cosas no las ganaste, Dios te las entregó por amor.


Pero hay una verdad que confronta: Aunque no hiciste nada para recibirlas, sí puedes hacer mucho para perderlas.


Nuestras actitudes, decisiones, descuidos y mala administración pueden destruir aquello que Dios nos dio en perfecto estado.


Porque Dios da, pero también delega.


Desde el principio lo dejó claro:


“Quiero que llenen la tierra y la pongan bajo su dominio…” Génesis 1:28, TLA


Dios crea, bendice y entrega, pero la administración nos la confió a nosotros. Y no solo eso, también pide cuentas.


Jesús lo enseñó así:


“Después de mucho tiempo, el amo regresó… para que rindieran cuentas… A los que usan bien lo que se les da, se les dará aún más… pero a los que no hacen nada se les quitará aun lo poco que tienen” Mateo 25:19, 29, NTV


Esto significa que lo que hoy tienes no solo es una bendición, también es una responsabilidad.


Dios no falla; cuando algo se deteriora, muchas veces es porque no cuidamos lo que él nos entregó.


Y aquí es donde Dios hoy te llama a volver:

  • A volver a valorar lo que has dejado de apreciar.
  • A volver a cuidar lo que has descuidado.
  • A volver a tomar decisiones con sabiduría y no por impulso.


Porque no se trata solo de recibir de Dios, se trata de saber conservar lo que Él te da.


Pero hay algo aún más profundo:


Muchas de las promesas de Dios en tu vida no solo dependen de su voluntad, también requieren tu respuesta.


La Palabra lo muestra claramente:


“Si confesamos nuestros pecados, Dios nos perdonará… y nos limpiará de toda maldad” 1 Juan 1:9, PDT


“Vengan a mí… y yo les daré descanso” Mateo 11:28, PDT


“Presenten sus peticiones a Dios… y la paz de Dios guardará sus corazones” Filipenses 4:6a-7a, RVR1960


“Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él” Apocalipsis 3:20, RVR1960


Siempre hay una condición, una acción, una decisión de tu parte. No para “ganarte” la promesa, sino para proteger lo que Dios quiere darte. Porque lo que viene de Dios es tan valioso, que requiere obediencia para no dañarse.


Hoy no se trata solo de declarar promesas, sino de vivir conforme a ellas. De dejar de culpar a Dios por lo que se perdió y comenzar a asumir la responsabilidad de lo que te corresponde.


Porque Dios sí da, pero tú decides si lo conservas.

 

Oración


Señor, gracias por todo lo que me has dado por gracia. Perdóname por no valorar, cuidar o administrar bien lo que has puesto en mis manos.


Dame sabiduría para tomar mejores decisiones, disciplina para ser diligente y un corazón obediente para cumplir tu voluntad. 
Ayúdame a no solo recibir tus promesas, sino a vivir de acuerdo a ellas para conservarlas. En el nombre de Jesús, amén.